La cámara de custodia es enorme, mucho más antigua que cualquier hangar de Bronsbury. Martin Bronsbury la adaptó como sala de contención aprovechando su estructura circular, sus plataformas concéntricas y su profundidad natural. Después del incidente de Grant, la academia reforzó el lugar con andamios, barreras, instrumentos de medición y sellos de seguridad.
En el centro está la Vesper.
Dañada.
Silenciosa.
Imposible de confundir con nada fabricado en Tailath.
Steve la robó a ciegas durante el caos del Edificio Grant. Bronsbury la encerró como prueba y amenaza. Grant intentó convertirla en plantilla. Pero para Damian, verla allí no tiene nada de académico ni de estratégico.
Durante un instante, se le cae la máscara.
La Vesper es su último vínculo claro con su mundo, con su viaje, con su culpa y con todo lo que Grant le arrebató durante los años de cautiverio. No la mira como un piloto mira una máquina. La mira como alguien que ha encontrado un órgano fuera del cuerpo.
Bradford, que suele llenar los silencios, no dice nada.
Carmen tampoco.
Damian baja hasta la plataforma central y sube a la nave antes de que nadie pueda detenerlo. Maverik intenta advertirle que Bronsbury la selló porque los sistemas seguían inestables, pero Damian no escucha. Ya ha pasado demasiado tiempo lejos de ella.
Activa los controles.
La Vesper responde.
Por un segundo, la cámara entera vibra con una energía limpia, distinta a la de Grant, distinta a la magia de Tailath. Las luces interiores se encienden, los paneles se despliegan y un eco de navegación recorre la sala.
Después suena una alarma.
No de Bronsbury.
De Grant.
#Seferis en el Subnivel Gamma
Las luces de la cámara cambian. Varios sellos instalados sobre la Vesper se activan desde fuera. Damian entiende demasiado tarde que Grant dejó un bloqueo oculto en los sistemas de la nave durante los años que la tuvo cautiva.
Entonces aparece Seferis.
No entra con teatralidad excesiva. Simplemente emerge desde una plataforma lateral, acompañado por una distorsión breve y por varios dispositivos de anclaje dimensional. Grant no ha venido a recuperar la Vesper con un ejército porque no necesita hacerlo. Ha esperado a que Damian intentase despertarla.
Seferis saluda a Maverik con esa calma cruel que ya empieza a resultarle familiar.
Dice que Bronsbury ha sido útil. Custodió la nave, la mantuvo relativamente estable y evitó que otros gobiernos metieran las manos. Pero ahora Damian ha hecho el trabajo que Grant necesitaba: ha reactivado los sistemas lo suficiente para confirmar que la Vesper sigue siendo recuperable.
Damian baja de la nave, furioso.
Le dice que la Vesper es suya.
Seferis responde que la propiedad es una palabra sentimental. Grant prefiere hablar de utilidad.
Damian ataca primero.
Seferis estaba preparado.
Usa un dispositivo calibrado específicamente contra los sistemas de Damian, una tecnología derivada de los años de cautiverio y estudio. No lo derrota por fuerza bruta, sino con una descarga de anclaje que interrumpe su control energético y lo deja de rodillas.
La escena debe doler.
Damian es poderoso, peligroso y adulto, pero Grant lo conoce de una forma íntima y humillante. Lo ha estudiado. Sabe cómo apagarlo.
Maverik, Bradford y Carmen intervienen.
#Jefe: Seferis Hayden III
El combate contra Seferis en la cámara de la Vesper no busca una victoria definitiva. Es una pelea de contención. Seferis no está allí para matar al grupo, sino para probar el estado de la nave, castigar a Damian y dejar una segunda arma en el tablero.
Aun así, el grupo logra presionarlo más de lo que espera.
Maverik ya ha acumulado demasiadas experiencias con Grant, la Stygma y las distorsiones. Bradford usa el entorno a su favor: plataformas, cables, cierres de contención, mecanismos que no deberían tocarse. Carmen pelea con una rabia directa, física, muy distinta a la esgrima elegante y cruel de Seferis. Para ella, Seferis no es un rival noble. Es la cara armada de una corporación que convirtió pueblos enteros en muestras.
Seferis se divierte al principio.
Después deja de divertirse tanto.
No porque esté en peligro real de morir, sino porque Bradford y Carmen introducen variables que Grant no había calculado en esa sala. El ladrón con el Cuchillo Óseo y la última mujer bestia no formaban parte del esquema previsto.
Seferis decide retirarse antes de que Damian se recupere del todo.
Pero no se marcha sin dejar una herida.
Activa un umbral de traslado.
Del otro lado aparece Gasón.
#Jefe: Gasón Mega
Gasón camina lentamente hacia el grupo. No lleva su antigua actitud de chulo de Bronsbury, ni la rabia orgullosa de la central eléctrica de Yuhán. Hay algo apagado en su mirada, una obediencia forzada bajo una capa de poder nuevo. Su cuerpo conserva marcas de intervención: vendajes, líneas de inyección, pequeños dispositivos bajo la piel, restos de magia artificial o estimulantes de Grant.
Steve no está allí para preguntarle dónde ha estado. Eso hace que la escena sea distinta. Maverik lo mira en silencio. Bradford no lo conoce lo bastante, pero entiende enseguida que aquello no es un simple enemigo. Carmen sí ve algo que reconoce: otra persona usada por Grant hasta convertir su dolor en herramienta.
Seferis, desde el umbral, dice que Gasón quería poder. Grant se lo dio. Después desaparece. Gasón ataca.
El primer golpe va contra Carmen, que lo bloquea a duras penas con el bō. El impacto la hace retroceder varios pasos. Bradford intenta flanquearlo, pero Gasón reacciona con una velocidad que no debería tener. La mejora experimental no lo ha vuelto elegante. Lo ha vuelto brutal, directo y difícil de detener.
La batalla contra Gasón alterado debe sentirse incómoda. No es el jefe opcional de la playa ni el rival humillado por Seferis. Es un compañero deformado por su propia necesidad de demostrar algo y por una corporación que supo explotarla.
Durante el combate, Gasón repite frases fragmentadas:
que Seferis le concedió poder; que Bronsbury lo dejó atrás; que Maverik siempre fue el elegido; que ahora todos van a verlo; que ya no volverán a reírse de él.
Pero entre esas frases se cuelan momentos de resistencia. Duda al golpear a Maverik. Se lleva la mano a la cabeza cuando Carmen le grita que deje de obedecer. Reacciona al nombre de Bronsbury. Durante unos segundos, parece recordar la playa, la excursión, la infiltración, el hangar de Grant y la noche en que todo empezó.
Maverik no puede hablarle como Steve lo habría hecho. Pero puede mantenerse delante de él. Puede no matarlo. Tras un combate largo, Gasón cae derrotado.
#La vergüenza de Gasón
Gasón recupera parte de la conciencia en el suelo de la cámara. Respira con dificultad, como si despertar le doliera más que la derrota. Pregunta dónde está. Luego recuerda.
Seferis lo llevó a un laboratorio. Le prometieron poder. Le dijeron que Bronsbury lo había usado como cabeza de turco. Le repitieron que Maverik era especial y que él solo sería recordado como el idiota que se equivocó de forma correcta. Le lavaron la cabeza usando sus propias heridas como material.
Bradford dice que eso es bastante propio de Grant. Carmen es más dura. Le dice a Gasón que deje de convertir su orgullo en una puerta abierta para que otros entren y lo usen. Grant no lo eligió porque fuera fuerte. Lo eligió porque estaba desesperado por demostrar que lo era.
Gasón no responde. La frase le duele porque es cierta. Damian, ya recuperado parcialmente, le advierte que todavía tiene residuos de condicionamiento en el cuerpo. Si se queda, Bronsbury podría ayudarle. Gasón rechaza la oferta casi antes de oírla.
No puede volver así. No delante de todos. No después de haber sido usado otra vez. Dice que extremará su entrenamiento. Que la próxima vez que vea a Seferis no será como herramienta de nadie. Maverik intenta detenerlo, o al menos dar un paso hacia él. Gasón se marcha. No como villano. No como aliado. Como una herida que sigue abierta. Bradford comenta que ese chico va a acabar mal si nadie lo alcanza antes que su propio orgullo. Carmen responde que quizá ya ha empezado a acabar mal.