Gasón camina lentamente hacia el grupo.
No lleva su antigua actitud de chulo de Bronsbury, ni la rabia orgullosa de la central eléctrica de Yuhán. Hay algo apagado en su mirada, una obediencia forzada bajo una capa de poder nuevo. Su cuerpo conserva marcas de intervención: vendajes, líneas de inyección, pequeños dispositivos bajo la piel, restos de magia artificial o estimulantes de Grant.
Steve no está allí para preguntarle dónde ha estado.
Eso hace que la escena sea distinta.
Maverik lo mira en silencio.
Bradford no lo conoce lo bastante, pero entiende enseguida que aquello no es un simple enemigo. Carmen sí ve algo que reconoce: otra persona usada por Grant hasta convertir su dolor en herramienta.
Seferis, desde el umbral, dice que Gasón quería poder.
Grant se lo dio.
Después desaparece.
Gasón ataca.
El primer golpe va contra Carmen, que lo bloquea a duras penas con el bō. El impacto la hace retroceder varios pasos. Bradford intenta flanquearlo, pero Gasón reacciona con una velocidad que no debería tener. La mejora experimental no lo ha vuelto elegante. Lo ha vuelto brutal, directo y difícil de detener.
La batalla contra Gasón alterado debe sentirse incómoda. No es el jefe opcional de la playa ni el rival humillado por Seferis. Es un compañero deformado por su propia necesidad de demostrar algo y por una corporación que supo explotarla.
Durante el combate, Gasón repite frases fragmentadas:
que Seferis le concedió poder; que Bronsbury lo dejó atrás; que Maverik siempre fue el elegido; que ahora todos van a verlo; que ya no volverán a reírse de él.
Pero entre esas frases se cuelan momentos de resistencia. Duda al golpear a Maverik. Se lleva la mano a la cabeza cuando Carmen le grita que deje de obedecer. Reacciona al nombre de Bronsbury. Durante unos segundos, parece recordar la playa, la excursión, la infiltración, el hangar de Grant y la noche en que todo empezó.
Maverik no puede hablarle como Steve lo habría hecho.
Pero puede mantenerse delante de él.
Puede no matarlo.
Tras un combate largo, Gasón cae derrotado.
La vergüenza de Gasón
Gasón recupera parte de la conciencia en el suelo de la cámara. Respira con dificultad, como si despertar le doliera más que la derrota.
Pregunta dónde está.
Luego recuerda.
Seferis lo llevó a un laboratorio. Le prometieron poder. Le dijeron que Bronsbury lo había usado como cabeza de turco. Le repitieron que Maverik era especial y que él solo sería recordado como el idiota que se equivocó de forma correcta. Le lavaron la cabeza usando sus propias heridas como material.
Bradford dice que eso es bastante propio de Grant.
Carmen es más dura.
Le dice a Gasón que deje de convertir su orgullo en una puerta abierta para que otros entren y lo usen. Grant no lo eligió porque fuera fuerte. Lo eligió porque estaba desesperado por demostrar que lo era.
Gasón no responde.
La frase le duele porque es cierta.
Damian, ya recuperado parcialmente, le advierte que todavía tiene residuos de condicionamiento en el cuerpo. Si se queda, Bronsbury podría ayudarle. Gasón rechaza la oferta casi antes de oírla.
No puede volver así.
No delante de todos.
No después de haber sido usado otra vez.
Dice que extremará su entrenamiento. Que la próxima vez que vea a Seferis no será como herramienta de nadie.
Maverik intenta detenerlo, o al menos dar un paso hacia él.
Gasón se marcha.
No como villano.
No como aliado.
Como una herida que sigue abierta.
Bradford comenta que ese chico va a acabar mal si nadie lo alcanza antes que su propio orgullo.
Carmen responde que quizá ya ha empezado a acabar mal.