La Cueva Sílica desciende bajo el Templo del Fuego hacia una red de túneles cristalizados por calor espiritual. Las paredes brillan con vetas translúcidas, filamentos rojos y placas de mineral que parecen vidrio vivo. El aire es pesado, seco y metálico.

Damian recupera parte de su autoridad aquí. Si el templo lo incomodaba porque no podía reducirlo a tecnología, la cueva le ofrece algo que sí puede analizar. Identifica vetas útiles, descarta cristales inestables y explica que el mineral sílico funciona como matriz de carga: no genera energía por sí mismo, pero permite que la Vesper la contenga sin romper sus propios sistemas.

Bradford pregunta si eso significa que están robando una batería muy cara.

Damian dice que significa que, si Bradford toca la veta equivocada, podrían quedar vitrificados.

Bradford deja de tocar cosas durante casi un minuto.

La recolección del mineral no es inmediata. El grupo debe activar antiguos reguladores de calor para enfriar ciertas cámaras, romper cristales falsos que emiten gases tóxicos y proteger a Damian mientras extrae piezas viables. Carmen resulta especialmente útil porque detecta vibraciones bajo el suelo antes de que las vetas inestables se fracturen.

A medida que avanzan, encuentran restos de criaturas calcinadas, túneles abiertos desde abajo y marcas de algo enorme que se desplaza bajo la roca.

Damian recoge las piezas necesarias.

Entonces el suelo se rompe.

Hemovermis Carmesí

De las profundidades surge el Hemovermis Carmesí, una sierpe mineral y orgánica que habita bajo las vetas sílicas. Su cuerpo parece formado por carne roja, placas de roca volcánica y cristales incrustados. No tiene ojos visibles, pero siente vibraciones, calor y sangre. Cada vez que se mueve, las paredes de la cueva laten como si compartieran sistema circulatorio con ella.

No es simplemente “un gusano gigante”. Es una criatura que ha evolucionado en un entorno donde el calor espiritual y los minerales vivos se mezclan. Se alimenta de organismos que caen en las cuevas, pero también de vetas cargadas de energía. La extracción de Damian la despierta.

El combate contra Hemovermis Carmesí debe ser más táctico que el de una bestia normal:

  • se entierra y reaparece por zonas calientes;
  • rompe plataformas de cristal;
  • deja charcos de fluido corrosivo;
  • reacciona a vibraciones, castigando acciones repetidas;
  • puede devorar fragmentos de mineral para regenerarse si el jugador no lo impide.

Carmen destaca en la batalla, leyendo sus movimientos bajo tierra. Bradford usa bombas, trampas o mecanismos del entorno para forzarlo a salir. Maverik sostiene el frente y puede apoyarse en el pacto recién obtenido con Agnisthar para quemar las zonas donde la criatura intenta regenerarse.

Damian no lucha directamente, pero grita indicaciones útiles mientras protege el mineral extraído. También intenta estabilizar una veta que amenaza con colapsar toda la cámara.

Al final, Hemovermis Carmesí cae entre cristales rotos y vapor rojo.

No muere con un rugido épico, sino hundiéndose en la cueva que lo alimentaba, como si Pirexa reclamara de vuelta una de sus criaturas.

Damian confirma que tienen mineral suficiente.

Ahora solo queda salir antes de que la isla decida cerrar el camino.

Regreso desde Pirexa

La salida de la Cueva Sílica funciona como tramo de escape. El combate ha desestabilizado varias cámaras, el calor aumenta y algunas rutas del templo empiezan a cerrarse. Agnisthar no interviene para salvarlos. Su pacto no convierte a Pirexa en aliada dócil. El fuego ha permitido el paso; ahora espera que demuestren que saben moverse.

Bradford se queja durante toda la huida.

Carmen le dice que corra más y hable menos.

Damian lleva el mineral como si cargara un corazón de repuesto para la Vesper.

Maverik abre camino.

Llegan al punto de teletransporte con el tiempo justo. El dispositivo de Grant, recalibrado por Damian, los devuelve por turnos a las Ruinas del Edificio Grant. El regreso vuelve a sentirse desagradable: cuerpo convertido en datos, calor sustituido por aire marino, ceniza cambiada por sal.

Cuando todos están de vuelta, Carmen mira las ruinas corporativas y luego el mineral sílico.

Dice que no le gusta deberle nada a tecnología de Grant.

Damian responde que una herramienta no conserva la culpa de quien la fabricó.

Carmen le mira con dureza.

Bradford interviene antes de que la discusión escale y dice que, por si acaso, él sí culparía a la herramienta si intenta descomponerlo otra vez.