De vuelta en Bronsbury, Damian instala el mineral sílico en el núcleo de la Vesper.
El proceso no es limpio. La nave rechaza al principio los cristales de Tailath, como si no quisiera aceptar un corazón mineral de otro mundo. Damian ajusta matrices, reescribe rutas de carga y elimina bloqueos que Grant había dejado escondidos en los sistemas.
Maverik, Bradford y Carmen observan desde la cámara de custodia.
Eva, Jennie, Steve y Sheena llegan más tarde, todavía recuperándose pero incapaces de quedarse fuera del momento. Jennie camina despacio. Steve finge que no necesita apoyarse en una barandilla. Sheena se queda fascinada por la nave, quizá porque entiende demasiado bien lo que significa despertar después de haber sido usada por otros.
Finalmente, la Vesper responde.
Las luces internas se encienden de forma estable. Los paneles se despliegan. El núcleo acepta la carga del mineral sílico. La cámara del Subnivel Gamma vibra, pero esta vez no como alarma, sino como respiración.
Damian apoya una mano sobre el casco.
Durante un instante, no parece enfadado.
Solo cansado.
La Vesper no está completamente restaurada. No puede cruzar dimensiones con seguridad ni realizar viajes largos sin riesgo. Pero puede moverse por Tailath, alcanzar lugares aislados y dar al grupo una movilidad que hasta ahora no tenía.
Eso cambia la escala de la historia.
Bronsbury ya no depende solo de barcos, caminos, misiones locales o rutas terrestres. El grupo posee una nave capaz de llegar donde Grant intenta esconderse.
Damian deja claro que la Vesper sigue siendo suya.
Steve, desde la barandilla, dice que nadie lo duda, pero que estaría bien que la nave dejara de intentar matarles cada vez que la tocan.
Damian ignora el comentario.
Entonces llega una comunicación urgente a Bronsbury.
Procede de Yuhán.
Bedoya y su equipo han desaparecido.
La guerra fabricada por Grant está empezando a moverse de nuevo, y ahora la Vesper puede llevarlos hasta allí.
El Acto X se cierra con el grupo reunido, la nave despierta y Pirexa convertida en el punto donde fuego, tecnología y voluntad han transformado una reliquia inmóvil en una herramienta de alcance mundial.