Más tarde, en una de las cubiertas interiores de la Náyade, Sheena se encuentra con Eva y Jennie. La escena es tranquila, casi pequeña. Después de tanta exposición cosmológica, necesita respirar.

Eva está irritada. No solo con Damian, Grant o Silas Arclight. También consigo misma. Dice que siempre ha usado la magia como si fuera una forma de imponerse al mundo: quemar, romper, atravesar defensas, obligar a los enemigos a retroceder. Ahora ve lo que ocurre cuando alguien lleva esa lógica hasta el extremo. Grant también impone. Grant también fuerza. Grant también llama progreso a convertir poder en herramienta.

Jennie le responde que la diferencia está en el cuidado. La magia no es inocente. Curar también altera un cuerpo. Proteger también interviene sobre otro. Invocar también llama a fuerzas que no pertenecen del todo a una persona. La pregunta no es si usar magia cambia el mundo. La pregunta es desde qué responsabilidad se hace. Sheena escucha en silencio.

Después dice que ella no sabe si su magia es suya. Grant la diseñó para canalizar magia auténtica. Su cuerpo fue construido para responder a patrones que otros eligieron. Cada vez que lanza un hechizo, una parte de ella se pregunta si está usando un don o cumpliendo una función. Eva se acerca a ella y le da las gracias. Sheena no entiende por qué.

Eva le dice que, desde que apareció, muchas veces ha sentido celos, miedo o rabia. No de Sheena como persona, sino de lo que Sheena parecía representar: una magia más pura, un vínculo extraño con Maverik, una presencia que Grant parecía buscar con más interés que a nadie.

Pero también reconoce que Sheena la ha apoyado cuando más lo necesitaba, incluso cuando Eva no sabía cómo aceptar esa ayuda.

Jennie sonríe y dice que, para ser tres personas capaces de romper montañas con conjuros, son bastante malas hablando de sentimientos. La tensión se rompe. Jennie propone que, cuando todo esto acabe, las tres se vayan de vacaciones a Valdebruma, en la Isla del Lago. Dice que allí hay un balneario estupendo, aguas termales con sales minerales, habitaciones con vistas a la niebla y comida decente.

Eva pregunta si piensa arrastrarlas a un balneario después de una guerra dimensional. Jennie responde que precisamente por eso. Sheena, por primera vez en días, sonríe un poco.

La escena deja claro algo importante: Eva, Jennie y Sheena no son rivales. Son las tres tejedoras principales de magia del grupo. Sus enfoques son distintos —ofensivo, protector, auténtico—, pero juntas forman un eje arcano que Grant no puede reducir a datos.