Superado el Manto, la falsa Alcantia empieza a deshacerse.

Las calles limpias se hunden. Los consejos de arcanistas se rompen como cristal. Los mercados se apagan. Bajo todo ello aparece la verdadera estructura: una ciudad goralaxi congelada, enterrada en piedra negra y alimentada por un reactor de Mnemógeno activo.

El grupo llega al Núcleo de la Metrópolis.

Allí se encuentra un cementerio.

No un cementerio humano. Las tumbas son cápsulas verticales de cristal oscuro, placas de memoria y estelas sintéticas con nombres goralaxi. Algunas están vacías. Otras contienen sombras incompletas. En el centro hay una tumba mayor, rodeada por otras más pequeñas.

El nombre aparece fragmentado, pero Damian lo reconoce.

Selene Meiers.

Sheena se queda helada.

Damian explica por fin la verdad.

Selene fue una científica goralaxi brillante, obsesionada con la eficiencia energética y con la eliminación de todo límite ético en la experimentación. En Goralax, sus investigaciones prometían resolver crisis de energía, memoria y supervivencia, pero sus métodos eran atroces. No veía personas, solo sistemas. No veía cuerpos, solo recipientes. No veía ciudades, solo nodos de consumo.

Por culpa de uno de sus experimentos, una ciudad entera desapareció de la noche a la mañana.

No fue destruida con fuego. No explotó. Simplemente dejó de estar.

Sus habitantes quedaron convertidos en patrones de memoria, combustible psíquico atrapado en Mnemógeno. Una atrocidad que incluso Goralax, con toda su arrogancia tecnológica, no pudo tolerar.

Damian fue uno de los encargados de capturarla y llevarla a juicio.

Selene escapó.

Robó una nave nodriza.

Desapareció entre realidades.

Y se estrelló en Tailath.

Damian mira a su alrededor, comprendiendo al fin dónde están.

—Esto no es solo la Necrópolis. Estamos dentro de los motores de su nave.

Todo lo que les rodea, la ciudad congelada, la falsa Alcantia, los muertos, los ecos, las sombras etéreas, ha nacido de una mezcla imposible: recuerdos de Goralax, memoria de Tailath, Mnemógeno activo y la voluntad de Selene infectando la estructura durante generaciones.

La aparición de Selene

Frente a la tumba central, aparece una figura de luz fría.

Selene.

No Lunairetic todavía, sino una proyección de lo que fue o de lo que cree haber sido: alta, serena, hermosa de una forma casi clínica, vestida con líneas goralaxi que parecen flotar en torno a su cuerpo.

Mira a Sheena con una mezcla de orgullo y desprecio.

Le dice que no luche contra las Stygmas. Que no tema su origen. Que su cuerpo es una obra magnífica, aunque su mente sea todavía débil, limitada por emociones mortales y vínculos absurdos con gente inferior.

Sheena no responde.

Selene continúa.

Explica que las Stygmas son la marca de Goralax, la prueba de compatibilidad entre humanos de Tailath y tecnología goralaxi. Maverik fue un accidente, una antena viva nacida de una exposición imperfecta. Sheena, en cambio, es algo mejor: un receptáculo estable, un cuerpo capaz de contener memoria, magia auténtica y resonancia estigmática sin deshacerse.

—No eres una niña perdida —le dice Selene—. Eres una puerta que no sabe abrirse.

Damian interviene, furioso, y la llama por su nombre goralaxi. Le recuerda la ciudad que hizo desaparecer, los muertos, el juicio, la huida.

Selene apenas lo mira.

—Sigues confundiendo progreso con culpa.

La aparición desaparece antes de que puedan atacarla.

Sheena queda temblando.

Bradford, si está en el grupo, comenta que ha conocido reliquias malditas con más tacto.

Steve dice que la próxima vez que vea a esa cosa, va a dispararle antes de que termine una frase.

El camino hacia el Corazón de la Metrópolis se abre.