Tras la retirada de Grant, Bronsbury queda dañada, pero no destruida. La ceremonia de graduación nunca llega a completarse de forma limpia. Los estudiantes reciben su validación profesional no por desfilar en un acto académico, sino por haber defendido la academia durante un ataque real.
El directorado de Bronsbury reconoce oficialmente al grupo. Maverik, Steve, Eva y Jennie quedan registrados como graduados operativos, capaces de aceptar encargos de campo bajo supervisión. Bedoya también queda validado, pero no será asignado al mismo equipo principal. La academia necesita repartir a los nuevos graduados y reforzar varias unidades tras el ataque.
Bedoya es asignado a otro grupo de trabajo, junto a estudiantes como Anika y otros compañeros de Bronsbury. Esto permite que el mundo académico siga existiendo más allá del grupo protagonista. Bedoya no desaparece de la historia: queda sembrado para reaparecer más adelante, cuando su equipo se vea envuelto en las consecuencias de Grant.
Gasón, humillado por Seferis y todavía señalado por el incidente del Edificio Grant, decide marcharse para entrenar por su cuenta. No lo hace con nobleza tranquila, sino con rabia. Siente que Bronsbury lo ha usado como cabeza de turco, que sus compañeros lo miran como un problema y que Seferis le ha mostrado lo débil que era su orgullo. Su salida no es una redención: es una herida abierta.
Myikku advierte a Eva de que el vínculo con Zephradon no debe tomarse a la ligera. Los Eidolas no son herramientas que se guardan en un inventario emocional. Si Eva ha abierto una puerta, tendrá que aprender a cruzarla sin convertirla en dependencia.
Jennie queda afectada por los heridos del ataque. Hasta ahora la aventura parecía una sucesión de incidentes peligrosos, pero Bronsbury le muestra el coste humano de la violencia de Grant: estudiantes asustados, profesores agotados, familias esperando noticias y compañeros que ya no podrán graduarse con normalidad.
Steve intenta celebrar que han sobrevivido, pero incluso él entiende que la vida anterior se ha roto. Lo que empezó como una excursión en la Zona Marítima se ha convertido en una guerra no declarada entre Grant y Bronsbury.
Maverik vuelve a pasar cerca del hangar de la nave. La Vesper sigue allí, dañada y custodiada, pero ahora el misterio pesa más. Grant atacó Bronsbury por la nave, por los archivos y quizá por él. El código XB004 sigue sin respuesta.
Encargo hacia el Monte del Wyvern
Con la academia dañada y la graduación convertida en una validación de emergencia, Bronsbury no puede permitirse dejar inactivos a sus nuevos operativos. Necesita comprobar que el grupo puede actuar fuera del entorno académico y bajo presión real.
El siguiente encargo llega a través de Edmundo Ortega, antiguo miembro de la Orden de Forestales y figura vinculada a Isla Yuhán. En el Monte del Wyvern, uno de los tesoros protegidos de Cantharia, han desaparecido varios wyverns, incluida una criatura ligada personalmente a Ortega.
La misión parece menor comparada con el ataque de Grant, pero Bronsbury la selecciona como primera misión de campo del grupo graduado. Será una forma de sacar a Maverik, Steve, Eva y Jennie de la academia, probarlos en territorio abierto y ponerlos bajo la supervisión de un adulto que sabe más de lo que dice.
El grupo acepta; la etapa escolar ha terminado. A partir de ahora, cada misión tendrá consecuencias.
Acto III — El Monte del Wyvern y el Castillo maldito de Nuberia
Localizaciones: Monte del Wyvern / Castillo maldito de Nuberia Jefes del acto: Wraith Sith, Castellano de Nuberia Personajes principales: Maverik, Steve, Eva, Jennie y Edmundo Ortega Objetivo: introducir a Ortega, ampliar el mundo exterior a Bronsbury, presentar la primera gran ruina maldita de Tailath y empujar la historia hacia Yuhán.
Tras el ataque de Grant a Bronsbury y la obtención del primer Eidolon, la academia organiza una misión de campo para el grupo recién graduado. No se trata de una misión escolar corriente, sino de una prueba supervisada en uno de los enclaves naturales más protegidos de Cantharia: el Monte del Wyvern.
El Monte del Wyvern es considerado uno de los grandes tesoros vivos del país. Sus cumbres, acantilados y nidos naturales albergan a una de las últimas poblaciones de wyverns de Bashfelor. Estos reptiles alados fueron comunes en otros tiempos, pero la caza, la expansión urbana, las guerras locales y el comercio ilegal de escamas, huevos y sangre los han llevado al borde de la extinción.
Durante generaciones, su protección estuvo en manos de la Orden de Forestales, una organización de exploradores, rastreadores y guardianes de montaña encargada de vigilar reservas naturales, rutas peligrosas y criaturas amenazadas. Edmundo Ortega perteneció a esa orden en su juventud, antes de convertirse en una figura política y militar ligada a Isla Yuhán. Aunque ya no viste sus emblemas, conserva sus contactos, sus juramentos y una relación personal con los wyverns del monte.
El problema es que la Orden de Forestales no puede intervenir en ese momento. La mayoría de sus miembros se encuentra desplegada en una misión urgente en las montañas de Éilerenn, donde varias rutas han quedado bloqueadas por desprendimientos, monstruos migratorios y señales de actividad extraña en viejas ruinas élficas. Cantharia no quiere militarizar el Monte del Wyvern, Éilerenn no puede enviar ayuda inmediata, y ningún gobierno desea asumir en solitario la responsabilidad de lo que ocurre en la cima.
Porque el verdadero problema no es solo la desaparición de varios wyverns.
Sobre el Monte del Wyvern existe una anomalía antigua, incómoda y difícil de clasificar: el Castillo maldito de Nuberia. A veces se ve entre las nubes. A veces desaparece durante años. A veces proyecta una sombra imposible sobre las cumbres, aunque el cielo esté despejado. Ninguna nación lo reclama como propio y ninguna institución quiere admitir que lo vigila de forma regular. Es una mazmorra funeraria flotante, anterior a las fronteras modernas, y su mera existencia resulta un problema internacional que todos prefieren observar desde lejos.
Bronsbury, sin embargo, no puede permitirse ignorarlo. La academia forma exploradores, invocadores y especialistas precisamente para intervenir en lugares donde los gobiernos dudan demasiado. Por eso, junto con Ortega, selecciona el Monte del Wyvern como misión de campo para los alumnos graduados. Oficialmente, el encargo consiste en investigar la desaparición de un wyvern y comprobar si hay cazadores furtivos en la zona. Extraoficialmente, Ortega quiere saber si el grupo es capaz de mantener la cabeza fría ante una ruina viva, una amenaza antigua y un problema que no se resuelve a tiros ni con discursos.
Ortega y la misión de campo
Ortega entra en escena como supervisor externo de la misión. Su presencia impone desde el primer momento: no se comporta como profesor, ni como noble, ni como simple contratante. Habla poco, observa demasiado y parece medir cada decisión del grupo.
Steve sospecha que les están usando como mano de obra barata. Eva se indigna al descubrir que los wyverns están en peligro de extinción. Jennie intenta entender por qué una amenaza como Nuberia no ha sido sellada por completo. Maverik, en silencio, percibe que Ortega no les ha contado toda la verdad.
Durante el ascenso, Ortega explica parte de la historia del monte. Los wyverns no son simples monstruos ni monturas salvajes: son una especie antigua, territorial e inteligente a su manera, vinculada a los vientos altos de Cantharia. Sus nidos forman parte del equilibrio natural de la región. Si desaparecen, otras criaturas ocuparán las cumbres, las rutas comerciales quedarán expuestas y el propio ecosistema del monte empezará a colapsar.
También revela que su propio wyvern, Myrmidon, ha desaparecido cerca de una de las zonas prohibidas de la cima. Ortega intenta fingir que se trata de una pérdida operativa, pero se le nota demasiado. Myrmidon no es una mascota: es un viejo compañero de patrulla, una criatura con la que compartió años de servicio en la Orden de Forestales.
Al llegar a los riscos superiores, el grupo encuentra restos de combate, plumas arrancadas, sangre oscura sobre la piedra y marcas de arrastre que no pertenecen a cazadores furtivos. Varios nidos han sido saqueados, pero los huevos siguen allí. Nadie ha venido a robar crías.
Alguien está capturando wyverns adultos.
Entonces las nubes se abren.
El Castillo maldito de Nuberia aparece suspendido sobre la cima, como un cadáver arquitectónico encallado en el cielo: torres quebradas, campanas mudas, contrafuertes ennegrecidos, cadenas que cuelgan hacia el vacío y ventanales donde se mueven siluetas sin cuerpo. No desciende como una fortaleza majestuosa, sino como una enfermedad antigua que hubiese recordado de pronto dónde dejó enterrados sus huesos.
Ortega confirma que la misión acaba de cambiar.
Historia de Nuberia
Dentro del castillo, Ortega empieza a contar la verdad completa.
Nuberia no fue construida como fortaleza de guerra, sino como una mazmorra funeraria flotante. Hace siglos, antes de que Cantharia fijara sus fronteras modernas, varias casas nobles, órdenes religiosas y custodios arcanos levantaron una estructura aérea destinada a guardar muertos que no podían ser enterrados en tierra. Allí se encerraban cadáveres malditos, reliquias funerarias, caballeros poseídos, restos de criaturas antiguas y espíritus demasiado peligrosos para dejarlos reposar bajo una ciudad.
Al principio, Nuberia era un lugar de custodia. Su función era impedir que ciertas muertes contaminaran el mundo de los vivos. Los wyverns del monte actuaban como guardianes naturales del sello: ninguna criatura terrestre podía alcanzar el castillo, y ninguna cosa muerta podía bajar sin atravesar sus dominios.
Pero los custodios de Nuberia terminaron cometiendo el mismo pecado que tantas civilizaciones de Tailath repetirían después: confundieron protección con posesión.
Descubrieron que la sangre de wyvern tenía una propiedad extraña. No resucitaba a los muertos, pero podía darles presencia física durante un tiempo. Un espíritu sin cuerpo podía sostener una espada. Un cadáver sin alma podía caminar. Una voz enterrada podía pronunciar de nuevo su nombre.
Lo que empezó como un intento de interrogar a muertos peligrosos acabó convertido en una corte funeraria. Los antiguos guardianes usaron la sangre de los wyverns para devolver forma a caballeros, nobles y custodios que se negaban a desaparecer. Con cada ritual, Nuberia se alejaba más de su propósito original. Ya no custodiaba la muerte: intentaba administrarla.
La Orden de Forestales y varias instituciones arcanas sellaron el castillo cuando comprendieron que sus habitantes no querían descansar. Querían bajar. Querían recuperar peso. Querían volver al mundo aunque ya no les perteneciera.
Desde entonces, Nuberia flota entre nubes, sellos debilitados y acuerdos políticos incómodos. Nadie quiere destruirla por miedo a liberar lo que contiene. Nadie quiere reclamarla porque eso obligaría a hacerse responsable de sus muertos. Y nadie quiere admitir que, de vez en cuando, el castillo despierta y vuelve a alimentarse.
El castillo y la prueba
La exploración del Castillo maldito de Nuberia permite varias funciones narrativas:
- presenta una mazmorra de mayor escala justo después de la etapa académica;
- refuerza que el grupo ya opera fuera del marco seguro de Bronsbury;
- muestra que Tailath tenía heridas antiguas antes de Grant;
- vincula el mundo con reliquias, maldiciones, muerte ritual y ruinas vivas;
- introduce la idea de que no toda amenaza pertenece a una sola nación;
- legitima a Ortega como contacto relevante y como antiguo protector de criaturas amenazadas;
- anticipa temas que más adelante cobrarán fuerza con Sabbath, la clonación, las sombras etéreas y la Necrópolis Dimensional.
En el interior, Maverik, Steve, Eva y Jennie encuentran salones suspendidos sobre abismos, capillas sin suelo, jaulas de hueso, cámaras de embalsamamiento, archivos funerarios escritos en telas podridas y estancias donde los muertos repiten ceremonias que ya no recuerdan. Nuberia no debe sentirse como un castillo encantado cualquiera, sino como una institución rota: un lugar que tuvo leyes, cargos y una función solemne antes de convertirse en una trampa para quienes se negaron a terminar.
Los enemigos del castillo usan la sangre de los wyverns capturados para recuperar presencia física. Algunos wraiths apenas logran formar manos o rostros durante unos segundos. Otros han absorbido suficiente sangre como para vestir armaduras antiguas, blandir armas oxidadas y atacar al grupo con fuerza real.
Eva reacciona con rabia al descubrir que los wyverns están siendo drenados vivos. Jennie entiende que los no-muertos no son simples monstruos, sino restos atrapados en un sistema que sigue funcionando aunque ya no quede nadie cuerdo al mando. Steve intenta quitarle hierro al asunto, pero la visión de los reptiles encadenados le calla enseguida. Maverik observa las cámaras de sangre y entiende, sin saber todavía por qué, que aquello se parece demasiado a una herida que no quiere cerrarse.
Ortega, por su parte, pierde parte de su distancia inicial. Al encontrar a Myrmidon herido pero vivo, deja de actuar como supervisor y vuelve a ser forestal. Ordena liberar a los wyverns antes incluso de pensar en el objetivo final del castillo.
Jefe: Wraith Sith, Castellano de Nuberia
En la cámara superior aguarda el Wraith Sith, antiguo castellano de Nuberia y último responsable de la corrupción del mausoleo. No se presenta como un espectro enloquecido, sino como un noble funerario convencido de que su deber sigue vigente. Para él, los vivos son administradores temporales de un mundo que terminará perteneciendo a los muertos.
El Castellano ha capturado wyverns para reunir suficiente sangre y devolver cuerpo a toda su corte. Si completa el ritual, Nuberia podrá descender de forma estable sobre el Monte del Wyvern y abrir sus puertas. Los muertos no invadirán Tailath como una horda desordenada: volverán como una institución, con rangos, leyes, verdugos y derecho autoproclamado sobre los vivos.
Durante el combate, el Wraith Sith alterna fases incorpóreas con momentos de presencia física obtenida mediante sangre de wyvern. Puede invocar caballeros huecos, drenar vitalidad, provocar miedo y usar campanas funerarias para debilitar al grupo. La batalla debe sentirse como un choque contra una autoridad muerta, no contra una bestia.
Al derrotarlo, el ritual se rompe. Los wyverns liberados rodean el castillo y baten sus alas alrededor de las torres, dispersando la sangre suspendida en el aire. Nuberia empieza a perder consistencia. Sus salones se deshacen en polvo, sus cadenas caen hacia las nubes y las voces atrapadas se apagan una a una.
El Wraith Sith, antes de desaparecer, no maldice al grupo. Solo pregunta quién custodiará ahora lo que ellos han dejado caer.
Nadie responde.
Resolución y encargo hacia Isla Yuhán
Cuando el grupo escapa, el Castillo maldito de Nuberia no queda destruido por completo. Parte de su estructura se hunde entre nubes, parte se deshace sobre la cima y parte permanece en algún lugar imposible, todavía atada a los viejos sellos. Lo importante no es que el problema se haya resuelto para siempre, sino que el despertar inmediato ha sido detenido y los wyverns han sobrevivido.
Ortega agradece al grupo la intervención, aunque lo hace con su sequedad habitual. Reconoce que la misión era una prueba, pero no una farsa. Si hubieran fracasado, los wyverns habrían muerto y Nuberia habría vuelto a descender sobre Cantharia.
También admite que la situación internacional es peor de lo que parece. Si un mausoleo flotante puede despertar porque sus sellos se debilitan, entonces algo está alterando lugares antiguos de todo Tailath. Grant quizá no creó Nuberia ni controla a sus muertos, pero sus movimientos recientes, sus mediciones y su obsesión por la tecnología arcana podrían estar debilitando estructuras que nadie comprende ya del todo.
Solo entonces Ortega revela la verdadera razón por la que necesitaba saber si podían resistir una misión así.
Grant está acosando Isla Yuhán.
La corporación quiere utilizar una gran antena ubicada en la central eléctrica abandonada de la isla. Ortega no puede acudir solo, la Orden de Forestales sigue ocupada en Éilerenn y los gobiernos de Cantharia no actuarán con suficiente rapidez sin pruebas claras. El grupo ha demostrado que puede moverse en una crisis real, tomar decisiones bajo presión y sobrevivir a una amenaza que no entiende por completo. Por eso Ortega les pide ayuda.
El Monte del Wyvern deja de ser una excursión extraña y se convierte en el último umbral antes de la guerra. El grupo ya ha visto que el mundo está lleno de heridas antiguas. Ahora va a descubrir que Grant sabe abrirlas. Antes del viaje queda sembrado un elemento importante: Eva vuelve a ver a una chica morena espiando a Maverik. Esa imagen anticipa la línea de Sheena y de los experimentos vinculados a Grant.