Localizaciones: Monte del Wyvern / Academia Bronsbury / barco hacia Yuhán / puerto de Isla Yuhán / Cañón de Valroca / central eléctrica abandonada Jefes del acto: Abisalón / Ursagón Espinabrava / Seferis Personajes principales: Maverik Windrider, Steve Howell, Eva Lucita Ranley, Jennie / Jennifer Aeson, Edmundo Ortega y Gasón Objetivo: convertir la primera misión profesional del grupo en un fracaso estratégico, mostrar el daño directo de Grant sobre poblaciones enteras y detonar la guerra manipulada entre Begonia y Masthann.
Tras derrotar al Wraith Sith y romper el ritual del Castillo maldito de Nuberia, Ortega libera a los wyverns capturados y ayuda al grupo a escapar antes de que la fortaleza termine de deshacerse entre las nubes. El Castillo No-Muerto no desaparece como una simple mazmorra derrotada: explota, se hunde, se dispersa en pedazos de piedra funeraria y deja sobre el Monte del Wyvern la sensación de que Tailath está lleno de heridas antiguas que nadie sabe custodiar del todo.
Ortega ofrece al grupo bajar del monte a lomos de Myrmidon, su wyvern. La escena sirve como cierre visual de la misión anterior: los jóvenes dejan atrás las ruinas flotantes, sobrevuelan las cumbres y contemplan desde arriba la escala del mundo que acaban de empezar a recorrer.
Unas horas después, ya en la Academia Bronsbury, Maverik, Steve, Eva y Jennie recogen la certificación de su primera misión de campo. El director les felicita por su trabajo. Han actuado bajo presión real, han salvado a los wyverns y han impedido que Nuberia descendiera sobre Cantharia.
Pero Ortega corta enseguida cualquier sensación de triunfo cómodo.
Les da la enhorabuena, sí, pero también reconoce que la misión del Monte del Wyvern tenía una segunda intención. Era una prueba. No una farsa, porque el peligro era auténtico, pero sí una forma de comprobar si el grupo estaba preparado para un encargo mucho más delicado.
La verdadera misión es Isla Yuhán.
Ortega revela que no es solo un antiguo forestal ni un contacto externo de Bronsbury. Es el gobernador de Isla Yuhán, y su territorio está siendo acosado por Grant Corp. La corporación quiere controlar una antena de radio gigantesca situada en la central eléctrica abandonada de la isla. Oficialmente, Grant habla de inversión, modernización y recuperación industrial. En realidad, pretende expulsar a la población local y convertir Yuhán en una colonia de extracción, centrada en recursos energéticos y explotación petrolífera.
Steve pregunta qué quieren realmente esos tipos de una isla tan pequeña. Ortega responde que Grant rara vez quiere una sola cosa. Quiere la antena, quiere la central, quiere la costa, quiere el subsuelo y quiere que los habitantes de Yuhán dejen de ser un obstáculo administrativo.
El director de Bronsbury confirma la asignación. El grupo partirá al día siguiente desde el puerto de la Zona Marítima.
Esa noche, la aparente calma de la academia queda rota por una escena íntima. Eva despierta a Maverik y le dice que ha visto a una chica de pelo moreno espiando desde su habitación. No sabe quién es, pero no es la primera vez que siente esa presencia cerca de él. La imagen resulta inquietante: una muchacha silenciosa, observando desde la oscuridad, como si siguiera a Maverik desde antes de ser presentada.
Eva aprovecha la conversación para preguntarle qué siente por ella. No es una escena grandilocuente ni una confesión perfecta. Es incómoda, nocturna, propia de jóvenes adultos que acaban de sobrevivir a una misión imposible y no saben cuánto tiempo seguirán teniendo para decir las cosas.
Maverik responde de forma evasiva, casi fatalista: que se deje llevar, que lo que tenga que pasar pasará. La respuesta no cierra nada. Al contrario, deja en Eva una mezcla de esperanza, frustración y miedo a que Maverik esté empezando a mirar más hacia el poder y el peligro que hacia las personas que tiene al lado.
La travesía hacia Yuhán
Por la mañana, el grupo parte hacia el puerto de la Zona Marítima y embarca rumbo a Isla Yuhán. El viaje permite cambiar el ritmo después de Nuberia y Bronsbury: mar abierto, cubierta, conversaciones entre personajes y un tono de tránsito hacia una misión que todavía parece controlable.
Durante la travesía, Ortega habla de las costumbres de Yuhán. La isla es pequeña, orgullosa y difícil de gobernar desde fuera. Sus habitantes viven entre tradiciones costeras, memoria de viejos conflictos, trabajo portuario, pesca, instalaciones energéticas abandonadas y una relación complicada con cualquier potencia extranjera que prometa prosperidad a cambio de obediencia.
Ortega también explica que la central eléctrica dejó de funcionar como infraestructura real hace años, pero su antena sigue siendo una de las mayores estructuras de comunicación de Bashfelor. En manos de una institución legítima, podría servir para emergencias, navegación y contacto intercontinental. En manos de Grant, puede convertirse en una herramienta de propaganda, interferencia y manipulación política.
Steve escucha la explicación y termina admitiendo algo incómodo: Gasón tenía razón desde el principio. Grant ocultaba algo grave. Gasón era insoportable, sí, pero quizá fue el primero en ver lo que todos los demás prefirieron tratar como una gamberrada.
La pregunta queda flotando: ¿dónde está Gasón?
Jennie y Maverik
Durante el viaje, Maverik sube a la cubierta superior para alejarse del ruido. Jennie lo sigue. La escena permite retomar la afinidad y cerrar, o al menos tensar, el triángulo emocional antes de que la historia deje de tocar este sistema con tanta fuerza.
Jennie intenta hablar con él de forma directa. Le pregunta si le gusta alguien, o si al menos piensa alguna vez en algo que no sea la siguiente misión. Maverik responde con frialdad involuntaria: ahora solo le importa seguir trabajando, encontrar más Eidolas y volverse lo bastante fuerte como para que Grant no vuelva a tomarles la delantera.
Jennie no se enfada de forma teatral. Le duele.
Le dice que no está bien pensar solo en poder. Que entender a los Eidolas no debería convertirse en una obsesión por acumular fuerza. Que Bronsbury, Nuberia y Grant ya han demostrado lo fácil que es justificar cualquier cosa diciendo que es necesaria.
Maverik no sabe responder.
Jennie se va, dejando claro que la distancia emocional de Maverik no es neutral. Hace daño.
Poco después, Eva sube a cubierta y pregunta qué ha pasado con Jennie. Maverik dice que nada, que no ha pasado nada. Eva no le cree del todo, pero tampoco insiste. Le cuenta que ha vuelto a ver a la chica de pelo moreno, esta vez mirando desde una ventana o reflejada en una zona del barco donde no debería haber nadie.
Maverik intenta quitarle importancia. Dice que no hay que preocuparse.
Pero la insistencia de esa presencia empieza a sembrar una inquietud clara: alguien observa a Maverik, y no parece una espía corriente de Grant.
El ataque del Abisalón
A mitad del trayecto, el barco choca contra algo bajo la superficie. Al principio parece un arrecife o un fallo de navegación, pero pronto los tentáculos emergen del agua y rodean el casco.
El enemigo es un Abisalón, una criatura marina territorial, deformada o atraída por las rutas alteradas de la zona, similar a un pulpo gigante. El combate funciona como jefe de travesía: movimiento del barco, tentáculos que atacan desde varios lados, marineros intentando mantener el rumbo y el grupo luchando en cubierta mientras las olas golpean.
Tras la batalla, cuando parece que el peligro ha terminado, el pulpo logra herir a Jennie con una toxina. La herida no la mata de inmediato, pero el médico del barco confirma que el veneno es grave. No es mortal a corto plazo, pero puede dejarle una fiebre crónica, delirios y un deterioro mental progresivo si no se trata a tiempo.
El médico calcula que Jennie puede esperar un par de días. No más.
La escena fuerza la primera gran decisión incómoda de Maverik. Eva propone un plan razonable: ella puede ir a Alcantia a buscar un antídoto mientras Steve, Maverik y Ortega continúan hacia Yuhán. También podrían retrasar la misión lo suficiente para asegurar que Jennie queda fuera de peligro.
Maverik se niega. Dice que Jennie puede esperar y que la misión es más importante. La frase cae como una losa. Eva se queda asombrada. Steve intenta intervenir, pero no encuentra una salida fácil. Ortega observa en silencio: entiende la lógica estratégica de Maverik, pero también ve lo que esa lógica puede costarle como líder.
Jennie, débil por el veneno, le da la razón a Maverik. Dice que no van a retrasar la misión por su culpa. No quiere convertirse en el motivo por el que Grant consolide su control sobre Yuhán. Eso no suaviza la decisión. La vuelve más triste.
Ortega deja a Jennie al cuidado del médico y de la tripulación del barco. Eva permanece visiblemente afectada. Maverik sigue adelante, pero la escena lo retrata de forma importante: no es cruel, pero puede ser frío; no es indiferente, pero prioriza el objetivo con una dureza que hiere a quienes le quieren.
A partir de este punto, la afinidad deja de tocarse de forma principal. La historia ya ha fijado las tensiones emocionales iniciales. Lo que viene después pertenece a otra escala.