En el corazón de la cabaña, Eva, Maverik y Gale encuentran a Melusena. No se presenta como una anciana de cuento ni como una villana teatral. Es una bruja desgastada por décadas de confinamiento, poderosa pero incompleta, atada a su propio dominio y furiosa por haber sido reducida a una leyenda local. Habla con Gale como si lo conociera desde hace tiempo, pero no con cariño. Lo trata como una pieza que ha tardado demasiado en llegar.

También habla de Lythia, aunque nunca la llama hija. Melusena revela parte de la verdad: Lythia está encerrada con ella, sí, pero no por una relación familiar. Es una criatura atrapada en la cabaña desde hace décadas, vinculada a un cepo mágico que le impide usar su poder de forma plena. Melusena ha estado drenando su energía de manera periódica para sostener el dominio, mantener su juventud arcana y evitar que el confinamiento impuesto por los guardianes de Yuhán termine de consumirla.

Gale se horroriza. Lythia le había contado que Melusena era su madre. Que la retenía por crueldad. Que solo él podía liberarla. Melusena se burla de él. Le dice que Lythia siempre ha sabido hablar a quien necesitaba sentirse importante. Y que él, precisamente por ser niño, solo, terco y hambriento de magia, era fácil de escuchar.

La batalla contra Melusena debe sentirse como una lucha contra una voluntad vieja y venenosa. Usa maldiciones, ilusiones, sombras del bosque, raíces dentro de la cabaña y reflejos de Lythia para desorientar. No es una jefa de daño bruto, sino de control, confusión y desgaste emocional.

Al derrotarla, Melusena no muere de forma física convencional. Se disipa envuelta en rayos de luz oscura, como si el sello que la mantenía atada se rompiera al mismo tiempo que su dominio pierde sentido. Durante unos segundos, la cabaña parece respirar por primera vez en décadas.

Entonces aparece Lythia.

Lythia liberada

Lythia da las gracias a Gale por liberarla de su ama. Eva se detiene en esa palabra. Le pregunta por qué la llama ama si supuestamente era su madre. Lythia sonríe de una forma que ya no encaja con la imagen de niña indefensa que Gale había construido. Entonces cuenta la verdad. No es hija de Melusena. Tampoco es una niña humana atrapada en el bosque. Es un espíritu demoníaco elemental, una criatura espiritual vinculada al deseo, la dependencia y la promesa de afecto. Melusena la capturó treinta y un años atrás y la encadenó con un cepo mágico para drenar su poder cada trece meses. Durante décadas, Lythia no pudo usar su magia libremente, pero sí pudo proyectar voces, apariciones y pequeñas imágenes fuera de la cabaña.

Al principio intentó atraer adultos, pero falló. Luego empezó a hablar con jóvenes aprendices, viajeros perdidos y niños de los alrededores, no por deseo carnal ni por maldad gratuita, sino porque eran quienes todavía podían creer en una historia imposible. Necesitaba a alguien que quisiera salvarla con suficiente fuerza como para entrar en la cabaña, romper parte del sello y enfrentarse a Melusena.

Gale fue el primero que llegó hasta el final. La revelación lo destroza. Se siente utilizado, ridículo y traicionado. Intenta atacarla con la poca magia que ha conseguido reunir, más por dolor que por estrategia. Lythia lo aparta con un golpe de poder y lo deja inconsciente. No lo mata. Quizá porque le debe la libertad. Quizá porque nunca quiso destruirlo. Pero el gesto deja claro que tampoco era la muchacha indefensa que él imaginaba. Maverik y Eva se interponen. Comienza la segunda batalla.

Lythia liberada no pelea como Melusena. Su poder es más rápido, más emocional y más peligroso. Usa ilusiones de afecto, duplicados, susurros, sombras seductoras en sentido mágico y ataques que castigan la voluntad. Debe sentirse como una entidad que entiende demasiado bien cómo se abre una grieta en el corazón de alguien.

Durante el combate, Maverik manifiesta por primera vez nuevos impulsos de sus Stygmas de forma más evidente. No controla del todo lo que hace. Responde al ambiente distorsionado, a la oscuridad acumulada en la cabaña y a la amenaza de Lythia con una energía que ni Eva ni él terminan de comprender. Gracias a ese poder, logran derrotarla. Eva le pregunta de dónde ha sacado esa fuerza.

Maverik responde, seco:

—Del ambiente.

La respuesta no aclara nada. Pero deja una semilla importante: las Stygmas no son solo una marca pasiva ni una llave que Grant quiere estudiar. Reaccionan a heridas del mundo, a distorsiones y a espacios donde la realidad emocional se ha vuelto demasiado densa. Lythia, derrotada, no tiene por qué ser destruida. Puede desvanecerse en la misma grieta que la retenía, escapar hacia algún plano menor o quedar reducida a una presencia incierta. Lo importante es que su historia no se cierre como simple castigo. Fue víctima de Melusena, sí. Pero también eligió usar a Gale para sobrevivir. Esa ambigüedad es lo que hace que la escena funcione.