Cuando Lythia desaparece y la cabaña empieza a derrumbarse, el dominio de Melusena se deshace. Las paredes se abren como papel mojado, las habitaciones imposibles se pliegan sobre sí mismas y el bosque vuelve a ocupar el espacio que la bruja había robado. En el suelo queda una especie de pergamino oscuro, hecho de una materia que parece cuero, sombra y corteza quemada.

Gale despierta y lo reconoce antes que los demás. Dice que no es un simple hechizo. Es un pergamino de invocación. Solo alguien con capacidad de pactar con Eidolas podría aprenderlo. Eva lo recoge con cuidado. No decide en ese momento si debe quedárselo ella o hablarlo con Jennie. Esa duda es importante: Eva ha conectado con Zephradon, pero no quiere convertir cada hallazgo espiritual en una posesión personal. Sabe que la invocación no funciona así. Entonces el pergamino responde.

La presencia que aguarda en él es Valkhar, Dios de la Oscuridad. Pertenece a otro tipo de sombra: miedo, culpa, vergüenza, deseo torcido, dependencia, necesidad de afecto y heridas emocionales que no desaparecen solo porque alguien mate a la bruja que las provocó. Valkhar no premia la pureza. Premia la lucidez.

El pacto nace porque Gale ha sido engañado y aun así sigue vivo; porque Eva ha mirado la manipulación sin reducirla a una historia simple; porque Maverik ha sentido cómo la oscuridad del lugar respondía a sus Stygmas; y porque el grupo empieza a entender que no toda sombra debe ser negada. Algunas deben ser reconocidas antes de que otro las use contra ti.

El pergamino queda en manos del grupo como primer gran Eidolon nacido de una herida íntima, no de un templo solemne ni de una tradición académica.