Cuando la cabaña desaparece, el bosque queda en silencio. No limpio, pero sí más verdadero. Ya no hay rutas imposibles ni voces llamando desde ventanas que no existen.
Gale se despierta del todo y evita mirar a Eva durante unos segundos. Está avergonzado. No solo por haber sido engañado, sino por haber creído que podía entrar en una historia de amor y rescate sin entender nada de lo que estaba ocurriendo.
Eva se sienta junto a él y le pide disculpas por lo ocurrido, aunque sabe que no es exactamente culpa suya. Gale dice que no importa, que se le pasará. Lo dice como lo diría un niño intentando parecer mayor.
Después pregunta qué hacen ellos en la isla. Eva le cuenta la verdad, o una parte suficiente: Grant, Yuhán, la central, la guerra fabricada, Jennie envenenada, Gasón capturado y una historia que se ha vuelto demasiado grande para todos. Gale se queda fascinado, y entonces pregunta si puede ir con ellos. Eva le dice que no; no de forma cruel. Le dice que son una unidad de Bronsbury, que están en medio de una misión peligrosa, que él es demasiado joven y que no pueden hacerse responsables de llevarlo a una guerra. Pero también admite que le gustaría que pudiera acompañarlos de otra manera. Gale no insiste demasiado, aunque se nota que la negativa le duele.
Maverik se despide de él con su silencio habitual, quizá con un gesto mínimo de respeto. Para Gale, eso basta más de lo que esperaba. El niño vuelve hacia Yuhán. Eva mira el amanecer y pregunta en voz baja si un niño tan pequeño puede amar de verdad. Maverik no responde. Solo observa la luz sobre los árboles.
La pregunta queda abierta. Tal vez Gale no amaba a Lythia como un adulto. Tal vez amaba la idea de ser necesario. Tal vez ambas cosas, a su escala, eran igual de reales para él. Eva se da cuenta entonces de que está amaneciendo y de que no han dormido nada. Ella y Maverik regresan corriendo a la posada e intentan descansar un par de horas. Steve los despierta demasiado pronto. Jennie tiene mejor aspecto, pero el veneno sigue ahí. Ya no parece al borde del delirio, aunque sus síntomas no han desaparecido. Necesitará tratamiento, y pronto.
Eva cuenta lo ocurrido durante la noche. Steve, entre sorprendido y preocupado, dice que algún día volverá a Yuhán para visitar a ese niño. Lo dice con ligereza, pero también con una sinceridad nueva: Gale le recuerda que la guerra de Grant no solo arrastra soldados, gobiernos y academias. También alcanza a niños que juegan a ser magos porque nadie les ha enseñado otra forma de no sentirse indefensos.
El grupo embarca de vuelta a Cantharia con más preguntas que respuestas. Yuhán ya no es solo la isla donde fracasaron una misión. Es el lugar donde comprendieron que Grant no es la única oscuridad del mundo, pero sí la clase de poder que aprendería a explotarlas todas si nadie lo detiene.