Al descender hacia la Arboleda salvaje, el grupo se reencuentra con Bradford Antiques y Carmen la Grande.

No están donde Maverik y Eva los dejaron.

Han vuelto a acercarse al Antiguo Castillo de Éilerenn.

La razón no es simple curiosidad. Tras recuperar el Cuchillo Óseo y hablar en las ruinas de la arboleda, Bradford y Carmen han entendido que lo ocurrido en el castillo no pertenece solo a Maverik, Eva o Jennie. Éilerenn, Sabbath, los hombres bestia, el Cuchillo Óseo y Grant forman parte de la misma herida histórica.

Bradford está menos burlón que de costumbre. El Cuchillo Óseo cuelga ahora de su cinturón, pero ya no lo lleva como botín. Lo lleva como una deuda.

Carmen, en cambio, está visiblemente alterada.

Ha seguido rastros recientes en la arboleda: marcas de botas corporativas, restos de embalajes médicos, jaulas plegables, dardos tranquilizantes oxidados y símbolos de Grant ocultos bajo barro y musgo. No son de la ocupación de Glanndraic. Son anteriores. Más discretos. Más cobardes.

Carmen comprende que Grant no solo usó el castillo.

También entró en la Arboleda salvaje.

Y eso cambia su decisión.

El pasado de Carmen

Mientras avanzan por el bosque, Carmen habla de su pueblo.

No lo hace como quien recita una leyenda, sino como alguien que ha evitado durante años poner palabras a una pérdida demasiado grande. Los hombres bestia de la Arboleda salvaje fueron una comunidad antigua, ligada a los bosques de Éilerenn, a sus ritos de paso, a las danzas de combate y a la custodia de ciertos lugares que los humanos preferían llamar malditos porque ya no recordaban cómo respetarlos.

No eran salvajes.

No eran monstruos.

Eran una nación pequeña dentro de otra nación que se estaba muriendo.

Cuando la maldición vinculada a Sabbath empezó a apagar su futuro, los nacimientos se redujeron, las familias se dispersaron y muchos clanes dejaron de tener descendencia. Éilerenn lo llamó tragedia. Luego lo llamó decadencia natural. Luego dejó de hablar de ello.

Carmen creció entre restos: nombres de parientes que ya no estaban, maestros demasiado viejos, canciones incompletas, rutas que nadie recorría y ruinas que cada generación custodiaba peor que la anterior.

Después llegó Grant.

La corporación no necesitó invadir la arboleda. Bastó con entrar por los huecos que Éilerenn había dejado abiertos: acuerdos de investigación, permisos de conservación, estudios sobre población semihumana, análisis de tejidos, promesas de tratamiento para una raza en extinción.

Carmen escupe la palabra “tratamiento” como si le quemara la boca.

Grant tomó muestras. Hizo censos. Ofreció ayuda. Señaló a los hombres bestia como “patrimonio biológico vulnerable”. Y cuando ya tuvo suficientes datos, dejó de fingir respeto.

Algunos desaparecieron.

Otros enfermaron después de aceptar medicinas que no entendían.

Otros fueron convencidos de abandonar la arboleda para ser “protegidos” en instalaciones que jamás volvieron a nombrarse.

Carmen no sabe si Grant mató directamente a los últimos de su raza o si solo aceleró una desaparición que Éilerenn ya había permitido.

Pero para ella no hay diferencia suficiente.

Odia a Grant porque la corporación llegó cuando su pueblo ya estaba débil y lo trató como material de archivo.

Odia a Grant porque hablaba de salvar lo que estaba midiendo para vender.

Odia a Grant porque miró a los últimos hombres bestia y no vio personas, sino una oportunidad irrepetible.

Eva escucha con una mezcla de rabia y tristeza. Sheena escucha sin comprenderlo todo, pero entendiendo demasiado bien la parte esencial: Grant también convirtió a Carmen en superviviente de algo que otros llamaron investigación.

Bradford, por una vez, no interrumpe con bromas.

Él conocía parte de la historia, pero no toda. El Cuchillo Óseo lo llevó a las ruinas. Carmen le ha mostrado lo que esas ruinas significaban para alguien vivo.

La decisión de unirse

Cuando el grupo llega al límite oriental de la Arboleda salvaje, Bradford y Carmen podrían separarse.

No lo hacen.

Bradford dice que, si Grant está removiendo el castillo, el Cuchillo Óseo y los restos de Sabbath, él ya no puede fingir que esto va solo de recuperar una daga o saldar una deuda local. Además, ha visto a Maverik y Eva correr hacia Éilerenn por Jennie, regresar con una chica nacida de un laboratorio y cargar con Steve medio muerto. Eso no es una expedición cualquiera.

Es una guerra sucia.

Y él prefiere estar en el lado que al menos sabe que está pisando barro.

Carmen es más directa.

Dice que irá con ellos porque Grant tiene que pagar.

No lo plantea como venganza simple, aunque la venganza está ahí. Lo plantea como una deuda con los suyos, con la arboleda y consigo misma. Durante demasiado tiempo fue “la última”, “la salvaje”, “la rareza del bosque”. Si Grant forma parte de la cadena que terminó de destruir a su gente, entonces ya no piensa custodiar ruinas en silencio.

Eva le advierte que la misión no será limpia. Grant está implicada en Yuhán, Ferklin, Éilerenn, Bronsbury y quizá en cosas que todavía ni comprenden.

Carmen responde que eso solo significa que hay más sitios donde romperles los dientes.

Bradford sonríe y dice que él habría usado una frase más elegante.

Carmen le mira.

Bradford decide callarse.

Con eso, Bradford Antiques y Carmen la Grande se unen al grupo.