La mansión de Ortega ya no funciona como residencia de un gobernador local, sino como centro de mando ocupado en silencio. Desde fuera conserva su autoridad: muros blancos, balcones, símbolos de Yuhán, jardines secos y guardias en posiciones discretas. Pero al entrar, el grupo encuentra señales inequívocas de Grant.
No una ocupación ruidosa.
Una infiltración.
Hay terminales portátiles, cajas de equipo médico, cerraduras corporativas colocadas sobre puertas domésticas y guardias de Grant vestidos con uniformes sin insignias demasiado visibles. La casa no ha sido tomada como una fortaleza. Ha sido convertida en una oficina de coerción.
La exploración de la mansión funciona como una mazmorra breve y tensa:
- habitaciones familiares cerradas con claves corporativas;
- retratos de la familia Ortega girados contra la pared;
- documentos administrativos de Yuhán alterados por órdenes externas;
- grabaciones de voz de Ortega repitiendo frases que no parecen suyas;
- guardias que evitan matar al grupo, como si tuvieran órdenes de capturarlos o medirlos;
- rutas hacia sótanos que no formaban parte de los planos originales de la casa.
Sheena reacciona mal a varias salas. Hay aparatos que le recuerdan al castillo de Éilerenn, aunque sean más simples. Grant no ha desplegado aquí un laboratorio completo como el del Antiguo Castillo, pero sí instrumental de control, análisis mágico y extracción de energía.
Eso basta para que ella empiece a temblar.
Maverik se coloca delante de ella sin decir nada.
Jennie lo nota.
Eva también.
Steve, demasiado centrado en encontrar a Bedoya, avanza casi con rabia.
Finalmente llegan a la habitación principal de Ortega.
Ortega como enemigo
Edmundo Ortega los espera.
Está de pie junto a una ventana, vestido con sobriedad, con un arma cerca y una calma que no le pertenece del todo. Los mira con una sonrisa fría, casi divertida, como si hubiera estado esperando que llegasen.
Steve le exige saber qué ha hecho con Bedoya y las chicas.
Ortega responde con crueldad calculada. Dice que los utilizó para terminar de habilitar los sistemas que Grant había dejado inestables en la isla. Que las capacidades mágicas de Liara y sus compañeras han sido útiles. Que Bedoya resistió más de lo previsto, pero al final todos sirven para algo si se aplica la presión adecuada.
Eva no puede creer lo que oye.
Jennie le pregunta qué le han hecho.
Ortega la mira y pregunta, con una frialdad que golpea directamente al grupo, si la chica de pelo azul sigue viva después del veneno.
Steve se lanza contra él.
Ortega lo esquiva con una precisión imposible para alguien de su edad y condición. No se mueve como un gobernador ni como un antiguo forestal. Se mueve como alguien asistido, corregido, empujado por impulsos que llegan antes que su propia voluntad.
Damian lo observa con atención.
Le pregunta cuáles son sus verdaderas intenciones. También le advierte que Grant va a traicionarlo. Siempre lo hace. Promete devolver algo, proteger algo o salvar a alguien, y luego convierte esa necesidad en una cadena.
Ortega responde que no será tan estúpido como Damian. Que no dejará que le arrebaten lo suyo. Que esta vez va a adelantarse.
Damian se ríe sin alegría.
Le dice que esa frase ya demuestra que no entiende nada.
Entonces Ortega fija la mirada en Sheena.
La reconoce como algo valioso, aunque no sabe exactamente qué es. Dice que Grant se equivocó al dejar escapar una pieza así. Que una niña con ese poder podría cambiar el destino de Alinne.
Sheena retrocede.
No entiende todo, pero entiende “pieza”.
Maverik se interpone.
Ortega saca su arma y reta al grupo.
Comienza el combate.
Combate contra Edmundo Ortega controlado
La batalla contra Edmundo Ortega controlado debe sentirse incómoda. Ortega no es un villano real, y el jugador lo sabe. Pero tampoco puede ser ignorado. Está armado, es peligroso y conoce tácticas de combate, rutas de la mansión y puntos débiles del grupo.
Durante la pelea se revela el origen de su comportamiento: una sonda de obediencia incrustada en la parte posterior de su cuello, parcialmente oculta bajo el cabello y conectada a su sistema nervioso. No controla cada movimiento como una marioneta simple, sino que amplifica miedo, culpa y desesperación hasta convertirlos en decisiones que parecen propias.
Ha usado su amor por Alinne como palanca.
El combate alterna ataques físicos, órdenes a guardias, disparos precisos y momentos en los que la sonda fuerza respuestas imposibles. Damian intenta interferir el dispositivo durante la pelea, pero necesita que el grupo mantenga a Ortega ocupado. Jennie y Eva buscan no herirlo más de lo necesario. Steve, en cambio, tiene que contener su rabia para no convertir la pelea en venganza.
Sheena, al verlo retorcerse cuando la sonda se activa, comprende algo importante: no todos los que obedecen a Grant lo hacen porque quieran.
Al final, Maverik logra abrir una oportunidad. Damian arranca o neutraliza la sonda con un pulso técnico doloroso pero preciso.
Ortega cae al suelo.
Durante unos segundos, no recuerda dónde está.
Después ve al grupo.
Y vuelve la culpa.