Ortega recupera la conciencia entre temblores. La voz le cambia. Ya no habla como colaborador de Grant, sino como un padre que acaba de despertar dentro de las consecuencias de sus propios actos.
Cuenta la verdad.
Grant secuestró a Alinne, su hija.
No la capturaron solo como rehén política. Detectaron en ella una sensibilidad mágica poco común, una compatibilidad que podía servirles para sustituir pérdidas recientes, forzar nuevos ensayos y abrir sistemas que sus científicos no lograban activar con sujetos corrientes.
Ortega intentó resistirse.
Grant le mostró pruebas de que Alinne seguía viva. Después le mostró lo que podían hacerle. Luego le ofrecieron condiciones: colaboración administrativa, acceso a cautivos con capacidad mágica, silencio sobre la continuidad de operaciones en Yuhán y obediencia mientras preparaban el traslado de su hija a otro enclave.
La sonda hizo el resto.
Damian deduce que Grant está improvisando. Han perdido activos importantes en Éilerenn, han perdido el control directo de Sheena y están buscando otros perfiles sensibles para continuar sus experimentos. No entiende todavía el alcance completo, pero sí la lógica: cuando Grant pierde una llave, busca otra persona a la que convertir en llave.
Sheena se queda muy quieta.
No pregunta si habla de ella.
No hace falta.
Ortega, destrozado, pide perdón. No intenta justificarse. Sabe que ha permitido la captura de Bedoya, Liara y sus compañeras. Sabe que ha entregado a gente inocente para ganar tiempo. Sabe que, aunque la sonda lo empujara, Grant no pudo usarlo sin encontrar antes una grieta real: su miedo a perder a Alinne.
Steve le grita que Bedoya no era moneda de cambio.
Ortega agacha la cabeza.
Dice que lo sabe.
Eva interviene antes de que Steve diga algo que no pueda retirar. Necesitan encontrar a los cautivos.
Ortega les indica el acceso a los sótanos de cautiverio.
Los sótanos de cautiverio
Los sótanos bajo la mansión no son una prisión tradicional. Son salas antiguas de almacenamiento, cisternas y cámaras de seguridad local reconvertidas por Grant en espacios de contención temporal. Hay barrotes añadidos, cables, focos, inhibidores mágicos y camillas plegables.
Allí encuentran a Bedoya, Liara, Maira, Sanaya y Amanda. También encuentran a Gale Carlson. Su presencia no se trata como incorporación al grupo, sino como consecuencia de la red de Grant. Gale había seguido investigando rumores mágicos tras la primera crisis de Yuhán y acabó atrapado al acercarse demasiado a las operaciones de la mansión. Grant no lo considera un gran activo militar, pero sí un sujeto interesante: un niño con contacto previo con distorsiones, pergaminos de invocación y sensibilidad mágica irregular.
Bedoya está agotado, pero consciente. Intenta bromear al ver a Steve, aunque le sale peor de lo habitual. Liara y sus compañeras están mucho más débiles. Grant les ha drenado energía mágica para pruebas relacionadas con Alinne y con los sistemas que aún quedan activos en la isla. Jennie se queda especialmente afectada al verlas así. Hace poco era ella quien estaba postrada, dependiendo de que otros llegasen a tiempo.
Sheena observa las celdas en silencio. Gale la mira con curiosidad inmediata. No la conoce, pero percibe que su magia es distinta. Sheena percibe lo mismo en él, aunque de otra forma: Gale no tiene una magia poderosa, pero sí una apertura extraña, una capacidad de escuchar cosas que otros no oyen. Damian rompe el momento diciendo que las conversaciones arcanas pueden esperar a que salgan de una prisión.
El grupo libera a los cautivos y evacúa la mansión antes de que Grant pueda activar otro protocolo de limpieza. Los guardias restantes se retiran o son neutralizados. Sin la sonda sobre Ortega, la estructura de control local se desmorona rápidamente.
Pero la victoria llega tarde. Alinne ya no está en Yuhán. Grant la ha trasladado.