La Vesper permite evacuar a los cautivos con rapidez. Para muchos de ellos, subir a la nave de Damian es casi tan inquietante como haber estado prisioneros, pero nadie discute. Yuhán se ha vuelto demasiado peligrosa, y Ortega necesita quedarse para recomponer el gobierno local, dar explicaciones y preparar la búsqueda de su hija desde la poca autoridad que le queda.

Antes de separarse, Ortega pide ir con ellos. Steve se niega de inmediato. Eva le recuerda que Ortega es gobernador de Yuhán y que, si abandona la isla ahora, Grant habrá conseguido destruir también su legitimidad. Damian coincide, aunque por razones más frías: Ortega es más útil allí, conteniendo el daño político, rastreando comunicaciones y evitando que la isla vuelva a caer en manos de una célula corporativa. Sin embargo, Ortega exige acompañarles para devolver el daño que ha causado: tiene que recuperar a Alinne. Maverik asiente.

No promete nada en voz alta, pero Ortega entiende el gesto.

En Bronsbury, los médicos atienden a Bedoya, Liara, y a sus compañeras. La academia queda conmocionada por el estado de los cautivos y por la confirmación de que Grant sigue usando Yuhán como zona de experimentación y coerción incluso después de haber fingido retirarse. Bedoya, una vez estabilizado, informa al directorado de Bronsbury. Su misión en Yuhán ha fracasado en parte, pero ha obtenido información crucial: Grant no solo busca controlar territorios. Está usando conflictos políticos, rehenes y sujetos mágicos para construir una red de operaciones que conecta Yuhán, Éilerenn y los movimientos de la guerra en Ferklin.

Martin Bronsbury le asigna una nueva tarea: Bedoya no se unirá al grupo de Maverik. En su lugar, permanecerá en la Academia el tiempo necesario para recuperarse y después partirá en una misión diplomática hacia Ferklin. Su papel será ayudar a desmontar, desde el frente político, la mentira que Grant ha fabricado entre Begonia y Masthann. Bedoya conoce de primera mano la operación de Yuhán, ha visto el cautiverio y puede actuar como testigo, enlace y apoyo mágico en una misión donde las espadas no bastan.

Steve protesta. Bedoya le dice que alguien tiene que intentar que el mundo no arda mientras ellos persiguen laboratorios secretos. La frase deja claro que los protagonistas ya no pueden estar en todas partes.

Gale y Sheena

Esa noche, Bronsbury intenta descansar. No lo consigue del todo. Gale, aún débil, encuentra a Sheena en uno de los patios interiores de la academia. Ella está mirando el cielo como si todavía no entendiera por qué el mundo tiene tanto espacio encima. Gale se acerca con una mezcla de timidez y fascinación. Le pregunta si su magia también le habla raro.

Sheena no sabe qué responder. Gale le cuenta, sin entrar en demasiados detalles, que una vez creyó estar salvando a alguien y acabó descubriendo que la magia también puede mentir si uno necesita demasiado que le diga algo bonito. Sheena escucha con atención. No entiende todas las emociones de Gale, pero sí reconoce la sensación de haber sido usada por una historia escrita por otros. Hablan de poderes diferentes. Gale dice que los suyos son pequeños, torpes y a veces inútiles. Sheena dice que los suyos son demasiado grandes para alguien que no sabe quién es.

Gale responde que entonces quizá los dos tienen el mismo problema, solo que en tamaños distintos. La conversación no convierte a Gale en miembro del grupo, pero sí lo deja vinculado a Sheena y a la historia. Bronsbury decide que, por ahora, permanecerá bajo protección académica y entrenamiento supervisado. Ha visto demasiado para volver a ser simplemente el niño de Yuhán que estudiaba magia en la calle.

Steve y Jennie

En otro punto de la academia, Steve y Jennie suben al tejado. Jennie todavía se cansa al caminar, pero insiste en salir a ver las estrellas. Steve la acompaña sin bromear demasiado, lo cual ya dice mucho. Durante un rato no hablan de Grant, ni de Yuhán, ni de Bedoya, ni de Gasón. Solo miran el cielo. Luego Steve admite que le asusta no llegar a tiempo. No una vez. Siempre. Llegó tarde con Jennie, tarde con Gasón, tarde con Bedoya y casi tarde consigo mismo en Éilerenn.

Jennie le responde que llegar tarde no significa dejar de llegar. Steve intenta hacer una broma. Esta vez sí le sale. El momento no resuelve sus heridas, pero les devuelve algo de humanidad después de tantos pasillos, celdas y laboratorios.