La Isla de la Estrella no se parece a ningún lugar que hayan visitado.

Su fama procede de antiguas investigaciones sobre el espacio exterior, observatorios mecánicos, laboratorios de presión, telescopios de vapor y una tradición tecnológica que no nació de copiar a Grant, sino de convivir con restos extraños bajo la isla y hacerlos funcionar a base de prueba, error y explosiones asumibles.

Ciudad Bujía se alza como un monstruo industrial vivo: chimeneas enormes, raíles elevados, ascensores mecánicos, tuberías por encima de las calles, calderas, válvulas, cables, depósitos, puentes metálicos y edificios de metal ennegrecido por décadas de vapor y hollín.

Todo parece a punto de explotar.

Y, aun así, todo funciona.

A las afueras, el grupo encuentra un campamento improvisado. Ciudadanos, mecánicos, investigadores y guardias locales intentan organizar defensas, reparar máquinas y atender heridos. La ciudad está siendo atacada por mercenarios de Grant.

No es una invasión limpia. Es una operación de captura tecnológica.

Grant ha entrado en varios distritos, ha bloqueado accesos a la zona industrial y está avanzando hacia la Refinería de Bujía, el corazón energético de la ciudad. Pero los habitantes de Bujía no son víctimas pasivas. Se defienden con torretas de vapor, autómatas defectuosos, armas experimentales, grúas, válvulas, explosivos mal calibrados y una familiaridad absoluta con su propio caos urbano.

Steve, al ver a un anciano activar una torreta que dispara en tres direcciones equivocadas antes de acertar a un mercenario, dice que esta ciudad le cae bien.

Entonces aparece Nikolai Sakanov.

Nikolai Sakanov

Nikolai es enorme, brutal y ruidoso. Lleva un abrigo militar pesado, botas reforzadas, protecciones metálicas y una seguridad física que no necesita elegancia. Su acento extranjero es marcado, su risa es desagradable y su paciencia, mínima.

No es Seferis.

No se mueve como arma refinada ni habla como ideólogo del poder. Nikolai es un mercenario profesional, alguien que ha aceptado que el mundo se divide entre quien paga, quien obedece y quien queda debajo. Para él, Ciudad Bujía es un montón de chatarra humeante que Grant le ha ordenado tomar.

Se burla de las máquinas locales, llamándolas juguetes de hojalata.

Steve intenta responderle.

Nikolai lo interrumpe arrancando una tubería de vapor de la pared y usándola como arma contra varios defensores de Bujía.

El gesto define al personaje mejor que cualquier discurso. Nikolai no necesita comprender una ciudad para destruirla. Solo necesita encontrar algo pesado y golpear con ello.

Damian, que logra contactar brevemente con el grupo desde la Vesper, advierte que Grant no ha enviado a un simple soldado. Nikolai es un ejecutor, alguien destinado a romper la resistencia visible mientras otros buscan el verdadero objetivo.

Y ese objetivo no tarda en aparecer.

Parice Schreiter

En mitad del combate urbano, una máquina defensiva de Ciudad Bujía empieza a fallar. Parece una torreta con patas, caldera propia y demasiadas piezas añadidas por alguien con entusiasmo y poco respeto por la simetría.

Una joven científica intenta repararla mientras todo explota alrededor.

Tiene el pelo revuelto, gafas sucias, varias herramientas colgando del cinturón, manchas de aceite en la ropa y una expresión de absoluto entusiasmo ante el desastre. Se llama Parice Schreiter.

La reparación funciona.

Más o menos.

La máquina dispara, derriba a varios mercenarios de Grant, revienta una pasarela secundaria, asusta a dos ciudadanos y casi prende fuego a una tienda de suministros. Parice se disculpa a medias y asegura que el resultado entra dentro de un margen estadísticamente aceptable.

Después se fija en el grupo.

En especial en los residuos energéticos de la Vesper, en los datos que lleva Damian transmitiendo y en ciertas lecturas que sus propios instrumentos detectan alrededor de Maverik y Sheena.

Parice comprende rápidamente que no son mercenarios de Grant.

Al enterarse de que vienen de Bronsbury, que han tenido contacto con la Náyade y que Grant está intentando conectar sus operaciones de Ferklin con tecnología antigua, cambia de actitud. O, más exactamente, cambia de velocidad. Empieza a hablar más deprisa.

Explica que Grant no está atacando Ciudad Bujía por conquista ni por recursos normales. Su verdadero objetivo es la Refinería de Bujía. Allí se procesan combustibles, vapor de alta presión, matrices energéticas y antiguos sistemas de conversión heredados de tecnologías mucho más viejas que la propia ciudad.

Según Parice, la Refinería conserva registros parciales de una tecnología compatible con la Náyade. No porque Bujía la construyera, sino porque la ciudad nació sobre restos de una infraestructura que quizá registró rutas, motores o patrones de energía anteriores a la historia moderna.

Si Grant consigue acceder a esos sistemas, podría aprender a rastrear, activar o incluso condicionar parte de la nave antigua.

Damian, desde la comunicación, se queda en silencio unos segundos.

Después dice que eso explicaría por qué Silas Arclight está tan interesado en ruinas previas a la era moderna. Grant no busca solo armas ni combustible. Busca mecanismos: formas de mover grandes estructuras, absorber impactos, acceder a rutas selladas y convertir tecnología antigua en propiedad corporativa.

Maverik decide ayudar a Parice a entrar en la Refinería antes que Nikolai.

Parice se une al grupo de forma inmediata, aunque deja claro que no tiene intención de obedecer órdenes que no le parezcan interesantes. Para avanzar por la Refinería, debe ir obligatoriamente con ellos: solo ella entiende los sistemas de presión, los controles mecánicos y los paneles antiguos conectados a la red energética de Bujía.

Steve pregunta si eso significa que por fin tienen una científica propia.

Parice responde que “propia” es una palabra feísima.