La Refinería de Bujía es una instalación enorme, vertical y peligrosa, llena de calderas, pasarelas metálicas, ascensores de vapor, válvulas de presión, conductos ardientes, depósitos de combustible, compuertas industriales y cámaras antiguas integradas bajo capas de maquinaria moderna.

La ciudad entera parece depender de ella.

Y quizá algo más antiguo también.

A medida que el grupo avanza, Parice va desbloqueando compuertas, desviando vapor, apagando incendios y activando mecanismos que no siempre funcionan como deberían. Algunas máquinas ayudan al grupo. Otras explotan, liberan enemigos mecánicos, llenan salas de vapor tóxico o activan defensas que Parice insiste en que “no deberían seguir conectadas”.

Durante la exploración, Parice explica la historia de Ciudad Bujía.

La isla no se volvió tecnológica por imitar a Grant ni a las potencias modernas. Bujía nació alrededor de restos encontrados bajo la Isla de la Estrella: sistemas de observación celeste, motores antiguos, canales de presión y estructuras energéticas que nadie entendía del todo. Sus habitantes hicieron lo que hacen siempre: probaron, rompieron, repararon, adaptaron y convirtieron el misterio en infraestructura cotidiana.

Por eso Bujía es caótica.

No porque sea atrasada, sino porque vive dentro de una conversación permanente con máquinas que nadie diseñó desde cero.

Parice no idealiza su ciudad. Sabe que muchas cosas funcionan de milagro, que la Refinería debería haberse cerrado diez veces y que varios inventores locales merecerían estar prohibidos por ley. Pero también sabe que Bujía tiene algo que Grant jamás entiende: relación.

La ciudad no explota la tecnología antigua como simple recurso. Convive con ella, discute con ella, la repara mal y le pone nombres ridículos. Eso no la vuelve inocente, pero sí humana.

La Náyade, en cambio, pertenece a otra escala.

Damian deduce que la capacidad de la nave para absorber el disparo orbital en la Cuenca podría convertirla en una pieza clave para Grant. Si Silas logra entender ese mecanismo, podría replicar defensas similares en bases corporativas, blindar instalaciones o usar la propia Náyade para alcanzar zonas inaccesibles del planeta.

Parice añade que algunos mapas antiguos conservados en Bujía muestran rutas hacia lugares que no aparecen en cartografía moderna: regiones del norte helado, ruinas enterradas en Nordhryn y una estructura remota identificada solo como Pilar Negado.

El nombre queda flotando.

Damian no dice nada.

Pero su silencio no pasa desapercibido.

Núcleo de la Refinería

Al llegar al núcleo de la Refinería, el grupo encuentra a Nikolai forzando el sistema principal con ayuda de varios técnicos de Grant.

Nikolai no entiende ni le importa lo que están robando. Esa es parte de su peligro. No necesita comprender la Refinería para proteger a quienes sí la comprenden. Solo sabe que Silas Arclight quiere esos datos intactos y que cualquiera que se interponga debe acabar contra una pared.

Parice intenta detener la extracción, pero Nikolai la aparta de un golpe.

No la mata.

No por piedad, sino porque Grant quizá la quiera viva.

Eso enfurece más a Parice que el propio golpe.

Nikolai reta al grupo.

Jefe: Nikolai Sakanov

Nikolai combate con fuerza bruta, usando partes de la propia Refinería como armas. Arranca tuberías, rompe válvulas para liberar vapor ardiente, golpea con planchas metálicas, lanza cadenas de elevador y usa el entorno como si todo el edificio fuera una caja de herramientas diseñada para aplastar gente.

A diferencia de Seferis, no es elegante ni técnico.

Es una mole de violencia directa.

Pero no debe presentarse como idiota. Nikolai sabe leer el miedo, medir distancias, castigar errores y usar su resistencia para cansar al enemigo. No cree en discursos, pero entiende perfectamente cómo se gana una pelea.

Durante la batalla, Parice interviene con mecanismos de la Refinería: abre válvulas, bloquea pasarelas, sobrecarga pistones y activa sistemas que pueden ayudar o complicar la situación según el momento. El combate debe sentirse muy ligado al escenario. Nikolai no está en una sala de jefe: está en una fábrica viva que puede matar a cualquiera.

Tras ser derrotado, cae de rodillas, furioso, pero no vencido del todo.

Ríe.

Escupe al suelo.

Reconoce que el grupo pega más fuerte de lo que esperaba.

Antes de que puedan capturarlo, activa una carga de humo y vapor preparada por sus hombres. La sala se llena de presión blanca, sirenas y calor. Cuando el vapor se disipa, Nikolai ha desaparecido.

Su amenaza queda clara: la próxima vez no se contendrá.

Datos robados

Parice consigue impedir el colapso total de la Refinería, aunque parte de los datos ya han sido copiados por Grant. No es una victoria perfecta. Otra vez, el grupo llega a tiempo para evitar el desastre completo, pero tarde para impedir que Grant se lleve algo importante.

Aun así, Parice recupera suficiente información para confirmar las sospechas:

Grant está buscando una forma de utilizar la Náyade como llave para acceder a territorios sellados y antiguas instalaciones repartidas por el mundo.

Entre los datos conservados aparecen referencias incompletas a varios lugares:

Jynsmoon, el continente helado. Nordhryn, con ruinas marcadas bajo capas de infraestructura moderna. El Pilar Negado, una estructura remota cuyo nombre aparece rodeado de advertencias. Y varias rutas de energía que no coinciden con mapas políticos actuales, sino con una geografía más antigua, quizá anterior a las naciones de Tailath.

Parice no sabe qué significan todos esos nombres.

Está encantada con la posibilidad de averiguarlo.

Sin pedir demasiado permiso, decide acompañar al grupo. Dice que, si Grant va a profanar tecnología antigua, al menos alguien con criterio científico debería estar presente para documentar correctamente el desastre, insultar los errores técnicos y evitar que Damian sea el único arrogante con herramientas caras.

Damian, por comunicación, dice que no necesita supervisión.

Parice responde que eso es exactamente lo que diría alguien que necesita supervisión.

Steve sonríe.

Le cae bien.