Lythia da las gracias a Gale por liberarla de su ama. Eva se detiene en esa palabra. Le pregunta por qué la llama ama si supuestamente era su madre. Lythia sonríe de una forma que ya no encaja con la imagen de niña indefensa que Gale había construido. Entonces cuenta la verdad. No es hija de Melusena. Tampoco es una niña humana atrapada en el bosque. Es un espíritu demoníaco elemental, una criatura espiritual vinculada al deseo, la dependencia y la promesa de afecto. Melusena la capturó treinta y un años atrás y la encadenó con un cepo mágico para drenar su poder cada trece meses. Durante décadas, Lythia no pudo usar su magia libremente, pero sí pudo proyectar voces, apariciones y pequeñas imágenes fuera de la cabaña.
Al principio intentó atraer adultos, pero falló. Luego empezó a hablar con jóvenes aprendices, viajeros perdidos y niños de los alrededores, no por deseo carnal ni por maldad gratuita, sino porque eran quienes todavía podían creer en una historia imposible. Necesitaba a alguien que quisiera salvarla con suficiente fuerza como para entrar en la cabaña, romper parte del sello y enfrentarse a Melusena.
Gale fue el primero que llegó hasta el final. La revelación lo destroza. Se siente utilizado, ridículo y traicionado. Intenta atacarla con la poca magia que ha conseguido reunir, más por dolor que por estrategia. Lythia lo aparta con un golpe de poder y lo deja inconsciente. No lo mata. Quizá porque le debe la libertad. Quizá porque nunca quiso destruirlo. Pero el gesto deja claro que tampoco era la muchacha indefensa que él imaginaba. Maverik y Eva se interponen. Comienza la segunda batalla.
#Jefe: Lythia liberada
Lythia liberada no pelea como Melusena. Su poder es más rápido, más emocional y más peligroso. Usa ilusiones de afecto, duplicados, susurros, sombras seductoras en sentido mágico y ataques que castigan la voluntad. Debe sentirse como una entidad que entiende demasiado bien cómo se abre una grieta en el corazón de alguien.
Durante el combate, Maverik manifiesta por primera vez nuevos impulsos de sus Stygmas de forma más evidente. No controla del todo lo que hace. Responde al ambiente distorsionado, a la oscuridad acumulada en la cabaña y a la amenaza de Lythia con una energía que ni Eva ni él terminan de comprender. Gracias a ese poder, logran derrotarla. Eva le pregunta de dónde ha sacado esa fuerza.
Maverik responde, seco:
—Del ambiente.
La respuesta no aclara nada. Pero deja una semilla importante: las Stygmas no son solo una marca pasiva ni una llave que Grant quiere estudiar. Reaccionan a heridas del mundo, a distorsiones y a espacios donde la realidad emocional se ha vuelto demasiado densa. Lythia, derrotada, no tiene por qué ser destruida. Puede desvanecerse en la misma grieta que la retenía, escapar hacia algún plano menor o quedar reducida a una presencia incierta. Lo importante es que su historia no se cierre como simple castigo. Fue víctima de Melusena, sí. Pero también eligió usar a Gale para sobrevivir. Esa ambigüedad es lo que hace que la escena funcione.
#Valkhar, Dios de la Oscuridad
Cuando Lythia desaparece y la cabaña empieza a derrumbarse, el dominio de Melusena se deshace. Las paredes se abren como papel mojado, las habitaciones imposibles se pliegan sobre sí mismas y el bosque vuelve a ocupar el espacio que la bruja había robado. En el suelo queda una especie de pergamino oscuro, hecho de una materia que parece cuero, sombra y corteza quemada.
Gale despierta y lo reconoce antes que los demás. Dice que no es un simple hechizo. Es un pergamino de invocación. Solo alguien con capacidad de pactar con Eidolas podría aprenderlo. Eva lo recoge con cuidado. No decide en ese momento si debe quedárselo ella o hablarlo con Jennie. Esa duda es importante: Eva ha conectado con Zephradon, pero no quiere convertir cada hallazgo espiritual en una posesión personal. Sabe que la invocación no funciona así. Entonces el pergamino responde.
La presencia que aguarda en él es Valkhar, Dios de la Oscuridad. Pertenece a otro tipo de sombra: miedo, culpa, vergüenza, deseo torcido, dependencia, necesidad de afecto y heridas emocionales que no desaparecen solo porque alguien mate a la bruja que las provocó. Valkhar no premia la pureza. Premia la lucidez.
El pacto nace porque Gale ha sido engañado y aun así sigue vivo; porque Eva ha mirado la manipulación sin reducirla a una historia simple; porque Maverik ha sentido cómo la oscuridad del lugar respondía a sus Stygmas; y porque el grupo empieza a entender que no toda sombra debe ser negada. Algunas deben ser reconocidas antes de que otro las use contra ti.
El pergamino queda en manos del grupo como primer gran Eidolon nacido de una herida íntima, no de un templo solemne ni de una tradición académica.