Localización: Náyade / Alcantia / Isla Yuhán Jefes del acto: sin jefe principal obligatorio; combate opcional contra Remanentes de Grant en los almacenes de Yuhán Personaje obligatorio: Eva Lucita Ranley Grupo: 4 personajes Disponibilidad: tras completar Lo que cayó del cielo y Las cenizas de Yuhán. Requisitos: haber completado primero la visita familiar a Kantandech y la misión de recuperación de Isla Yuhán. Recompensa principal: desbloqueo del Libro de Rutas de Casa Ranley, primera ruta comercial de Eva y accesorio Broche de Muestrario.
Tras regresar de Isla Yuhán, Eva se queda más callada de lo habitual en la Náyade.
La visita a Kantandech le permitió comprobar que su padre estaba bien. La misión en Yuhán, en cambio, le ha enseñado algo más difícil de ignorar: hay lugares que no necesitan grandes discursos heroicos, sino lonas para tapar tejados, vendas limpias, ropa de trabajo, redes nuevas y almacenes que no se vengan abajo con la primera lluvia.
Al ver el estado de la isla, el cuaderno de su padre deja de parecer una tontería vergonzosa.
Eso no significa que le guste.
Eva saca el cuaderno de Casa Ranley de Paños y Fibras y lo deja sobre la mesa común de la Náyade. Steve lo abre antes de que nadie le dé permiso. Jennie le dice que eso está fatal. Steve responde que si un cuaderno tiene tantas marcas rojas, flechas y signos de admiración, leerlo ya no es cotillear, es defensa preventiva.
El cuaderno contiene una propuesta comercial firmada por Laureano Ranley, padre de Eva y propietario de la empresa familiar. Casa Ranley no es una megacorporación ni una potencia industrial. Es una compañía textil cantharesa, con sede en Alcantia, almacén en Kantandech y contratos modestos con Bronsbury, viajeros, talleres portuarios y pequeñas instituciones locales.
Fabrica:
- uniformes escolares;
- paños resistentes para viaje;
- vendas de lino tratado;
- mantas de campaña;
- lonas impermeabilizadas;
- redes sencillas;
- ropa de trabajo para puertos y talleres.
Laureano ha entendido que la Náyade puede abrir una oportunidad comercial inédita. Pero Eva, después de todo lo ocurrido con Grant, no está dispuesta a que su familia use una nave antigua para aprovecharse de una isla herida.
Jennie comprende enseguida el conflicto. Dice que llevar suministros a Yuhán podría ayudar, pero que Eva tiene razón en desconfiar de cualquier acuerdo firmado cuando una de las partes está desesperada.
Steve, con poca delicadeza pero bastante sentido común, comenta que por una vez hay un adulto intentando ganar dinero sin clonar a nadie, controlar mentes ni provocar guerras falsas, así que quizá no hay que condenarlo antes de leer la letra pequeña.
Parice, si está presente, calcula en voz alta cuántos rollos de lona cabrían en un compartimento auxiliar de la Náyade. Damian le dice que la nave no es un camión. Parice responde que casi todo es un camión si se le falta al respeto con suficiente método.
Eva decide hablar con su padre.
Pero deja clara una condición: si Casa Ranley va a comerciar con Yuhán, será bajo términos justos. Nada de precios inflados. Nada de contratos trampa. Nada de revender materiales de reconstrucción a quien no tiene alternativa.
#La sede cantharesa de Casa Ranley
El grupo viaja a Alcantia, donde Casa Ranley mantiene su sede principal. El edificio no tiene nada que ver con Grant. No hay mármol corporativo, laboratorios ocultos ni pantallas de propaganda. Hay rollos de tela apilados, empleados discutiendo con proveedores, archivadores a punto de venirse abajo, cajas de botones, olor a tinte, facturas clavadas con alfileres y una señora de contabilidad que intimida más que varios mercenarios.
Laureano Ranley recibe al grupo con una mezcla de emoción paternal y entusiasmo comercial imposible de ocultar.
Abraza a Eva, le pregunta si está bien, le dice que ha adelgazado, saluda a Maverik como si llevara toda la vida viéndolo entrar por casa, llama “el piloto rubio” a Steve, pregunta a Jennie por su madre y se queda mirando a Parice con la prudencia de quien intuye que esa muchacha podría convertir una máquina de coser en artillería.
Eva no le deja coger carrerilla.
Le pide que explique el trato.
Laureano se sienta en su despacho y despliega varios papeles. La situación es sencilla:
Yuhán necesita suministros textiles urgentes.
Tras la ocupación de Grant, muchas casas y almacenes tienen daños estructurales. Los pescadores han perdido redes. El puerto necesita lonas. El dispensario necesita vendas. Las cuadrillas de reconstrucción necesitan ropa resistente. Las familias necesitan mantas, sacos y tela para remendar viviendas.
Casa Ranley puede entregar un primer cargamento de:
- lona impermeabilizada;
- vendas de lino tratado;
- redes de repuesto;
- mantas de campaña;
- ropa de trabajo;
- sacos de transporte;
- cordaje sencillo;
- paños gruesos para reparar interiores.
A cambio, Yuhán puede ofrecer materiales locales valiosos:
- fibra salina;
- tintes de alga roja;
- cáñamo marítimo;
- paño endurecido de astillero;
- cordaje fino de pescador;
- retales tratados con salmuera.
Laureano no pretende saquear la isla. Pero Eva nota algo peligroso: está tan fascinado por la posibilidad de abrir una ruta nueva que no está viendo del todo la fragilidad de la otra parte.
Eva le dice que el problema no es vender. El problema es vender a alguien que acaba de perder casi todo.
Laureano se defiende. Dice que Casa Ranley también necesita sobrevivir, que los trabajadores comen, que las rutas comerciales no se abren solas y que ayudar gratis una vez no sirve de nada si luego la empresa no puede seguir suministrando.
Eva no le quita la razón.
Pero le responde que precisamente por eso el acuerdo debe estar bien hecho.
No quiere caridad teatral. Quiere un trato justo.
#Rehacer el acuerdo
Eva revisa la propuesta con su padre. La escena debe sentirse menos como una negociación fría y más como una hija obligando a su padre a ser mejor comerciante del que estaba a punto de ser.
El acuerdo se modifica con varias condiciones:
- el primer cargamento tendrá precio reducido;
- parte del pago podrá aplazarse hasta que el puerto de Yuhán recupere actividad;
- Casa Ranley comprará materiales yuhanitas a precio mínimo garantizado durante varios meses;
- se prohíbe la reventa abusiva de los suministros de reconstrucción;
- los materiales destinados al dispensario y a reparaciones urgentes no podrán ser embargados;
- cualquier ampliación futura de la ruta necesitará aprobación del gobierno local de Yuhán;
- Eva tendrá derecho a revisar las condiciones antes de cerrar nuevos tratos.
Laureano protesta por la última cláusula.
Eva le mira.
Laureano acepta la última cláusula.
Jennie sonríe. Steve intenta aplaudir y Eva le pisa el pie antes de que lo haga.
Laureano admite que su hija tiene razón. Él vio una oportunidad comercial; Eva ha visto una responsabilidad. Ambas cosas pueden convivir, pero solo si la oportunidad no devora a la gente que dice ayudar.
Con el contrato corregido, el grupo prepara el primer cargamento.
#Regreso a Yuhán
La entrega se coordina desde la Náyade, pero la descarga se realiza en el puerto de Yuhán mediante la Vesper, pequeñas barcazas locales y plataformas de transporte.
La diferencia con la visita anterior es importante. En Las cenizas de Yuhán, el grupo vio una isla todavía atrapada entre culpa, miedo y restos de Grant. Ahora vuelve con algo concreto: telas, vendas, redes, lonas y materiales que pueden usarse esa misma tarde.
Yuhán sigue herida, pero esta vez la herida recibe algo más práctico que promesas.
Ortega recibe a Eva y al grupo en el puerto. No está dispuesto a firmar nada sin revisarlo. Alinne también se presenta, más desconfiada aún que su padre. Pregunta cuánto cuesta, qué gana Casa Ranley, cuánto tiempo queda Yuhán atada al acuerdo y qué ocurre si la isla no puede pagar a tiempo.
Eva responde a todo.
No intenta vender el acuerdo como generosidad pura. Dice la verdad: Casa Ranley gana una ruta nueva, Yuhán recibe suministros necesarios y ambos lados pueden beneficiarse si nadie convierte la necesidad en cadena.
Ortega lee el contrato.
Se detiene especialmente en la cláusula contra la reventa abusiva y en la compra garantizada de materiales locales. Eso permitiría que pescadores, tejedores y talleres de la isla recuperen ingresos sin depender de intermediarios oportunistas.
Alinne mira a Eva con una aprobación muy contenida.
Dice que al menos alguien ha venido a negociar sin traer soldados.
Eva responde que, después de lo de Grant, eso debería ser el mínimo.
#Los almacenes del puerto
Antes de cerrar el acuerdo, surge un problema. Uno de los almacenes donde debe depositarse parte del cargamento ha sido ocupado por remanentes de Grant, contrabandistas locales o antiguos colaboradores de la ocupación. No forman una célula militar importante, pero sí quieren apropiarse del suministro para revenderlo a precio inflado entre las familias afectadas.
La situación enfurece a Ortega. Para él, especular con materiales de reconstrucción es casi una continuación moral de la ocupación.
Eva insiste en acompañar al grupo. No quiere que la primera ruta de Casa Ranley nazca manchada por una extorsión.
La sección jugable lleva al grupo por el puerto de Yuhán: grúas dañadas, contenedores abiertos, redes quemadas, agua oscura bajo los muelles y marcas de los combates recientes contra Grant. El tono no debe ser épico, sino sucio y cotidiano. No están salvando el mundo; están impidiendo que unos miserables cobren de más por una lona a gente sin techo.
El conflicto puede resolverse de varias formas:
- combate directo contra los remanentes;
- negociación con trabajadores locales que han sido presionados;
- búsqueda de documentos que demuestran la intención de revender el cargamento;
- desactivación de pequeñas trampas colocadas en el almacén;
- recuperación de cajas marcadas con códigos de Grant.
Si Bradford está en el grupo, puede detectar cerraduras manipuladas y escondites. Si Parice está en el grupo, puede identificar cajas marcadas con códigos de Grant. Si Ortega está en el grupo, algunos trabajadores se rinden al reconocerlo. Si Jennie está en el grupo, puede calmar a familias afectadas que creen que el cargamento va a desaparecer como todo lo demás. Si Gale ya se ha unido tras Las cenizas de Yuhán, puede reconocer a varios vecinos y señalar quién actúa por miedo y quién por codicia.
#Combate opcional: Remanentes de Grant
El enfrentamiento final no es un gran jefe, sino una pelea sucia contra un pequeño grupo de remanentes corporativos y matones portuarios.
No buscan conquistar Yuhán.
Buscan beneficiarse de sus ruinas.
Eso los hace especialmente despreciables para Eva.
Durante el combate, los enemigos pueden intentar quemar parte del cargamento, llamar refuerzos o usar cajas como cobertura. El objetivo no es solo derrotarlos, sino proteger los suministros.
Al vencerlos, el grupo recupera el almacén y evita que la ruta comercial empiece con un abuso.
Eva queda más afectada de lo que esperaba. Comprende que comerciar no es inocente cuando el mundo está herido. Un contrato puede ayudar, pero también puede convertirse en una herramienta de presión si cae en malas manos.
#Firma del acuerdo
Con el almacén asegurado, Ortega firma el primer acuerdo entre Yuhán y Casa Ranley de Paños y Fibras.
No es un contrato enorme. No cambia la economía mundial. No hace rica a Eva ni convierte a su padre en magnate. Pero sí establece algo importante: una ruta de ayuda y comercio justo entre Cantharia y una isla que Grant intentó convertir en infraestructura.
Laureano aparece por comunicación desde Alcantia. Intenta mantener la solemnidad, pero se le nota emocionado. Promete enviar más suministros y respetar las condiciones pactadas. Ortega le advierte de que Yuhán no tolerará abusos. Laureano responde que su hija ya le ha dado más miedo que cualquier gobernador, así que el mensaje está claro.
Eva se avergüenza.
Steve dice que le gusta el padre de Eva.
Eva le dice que no le anime.
Alinne agradece a Eva la ayuda, aunque lo hace sin ponerse sentimental. Le dice que Yuhán necesita aliados, no salvadores. Eva responde que eso le parece justo.
#Recompensa y desbloqueo del sistema
Al completar la misión, Eva recibe de su padre el Libro de Rutas de Casa Ranley, un cuaderno comercial que registra precios, materiales, contactos y posibles encargos entre distintas regiones de Tailath.
Laureano le explica que este primer acuerdo puede abrir otros negocios en el futuro. No lo plantea como una obligación inmediata, sino como una red de oportunidades que Eva podrá aceptar o rechazar cuando el grupo tenga margen para viajar.
Eva no está segura de querer convertirse en representante comercial de su padre.
Pero también entiende que la Náyade puede servir para algo más que perseguir a Grant, entrar en mazmorras y llegar tarde a guerras. Puede mover medicinas, telas, comida, herramientas y trabajo. Puede conectar regiones sin convertirlas en propiedad de nadie.
La recompensa principal de la misión es el accesorio Broche de Muestrario, un pequeño broche de Casa Ranley con muestras de hilo rojo, azul y dorado. Puede aumentar ligeramente la MAG de Eva, mejorar su resistencia a Confusión o reducir el coste de algunas habilidades de apoyo.
También queda desbloqueado el primer nodo del sistema comercial de Eva:
Ruta 1: Cantharia — Yuhán.
El Libro de Rutas muestra seis espacios comerciales en total. El primero queda completado con el acuerdo entre Casa Ranley y Yuhán. Los otros cinco permanecen cerrados, insinuando futuros negocios posibles en otras regiones de Tailath.
Laureano promete no mandar más de cinco o seis mensajes por día.
Eva sabe que eso es mentira.
#Resolución
La misión revela que:
- El padre de Eva se llama Laureano Ranley.
- Laureano dirige Casa Ranley de Paños y Fibras, empresa textil familiar con sede cantharesa en Alcantia.
- La misión solo se desbloquea tras completar la visita familiar a Kantandech y la recuperación de Isla Yuhán.
- La Náyade permite abrir rutas comerciales antes imposibles.
- Eva teme que el comercio familiar pueda parecerse demasiado a la lógica extractiva de Grant.
- Yuhán necesita suministros textiles para reconstruirse tras la ocupación y los restos de experimentación de Grant.
- Casa Ranley establece su primer acuerdo justo con la isla.
- Eva aprende que comerciar también puede ser una forma de cuidar, siempre que no se convierta en abuso.
- Se desbloquea el Libro de Rutas de Casa Ranley.
- Queda completada la primera de seis rutas comerciales posibles.
Esta secundaria no convierte a Eva en una empresaria fría ni en una mercader oportunista. Al contrario: muestra su capacidad para poner límites, leer situaciones humanas y transformar una oportunidad económica en una relación justa.
Donde Grant convierte territorios en recursos, Eva intenta convertir rutas en vínculos.