Localización: Arboleda Salvaje / Ruinas de la Capilla de Sabbath Jefes del acto: Avatar corrupto de Sabbath Personajes obligatorios: Bradford Antiques y Carmen la Grande Grupo: 4 personajes Disponibilidad: Tras la apertura de misiones secundarias en la Náyade. Recompensas principales: resolución de la maldición de Bradford y Carmen, desbloqueo de Acceder, y legitimación del vínculo de Sabbath.
Tras los acontecimientos de Ciudad Bujía, Carmen pide hablar con Bradford y con el resto del grupo. Su actitud, normalmente seca pero firme, es más tensa de lo habitual. Durante su regreso anterior a la Arboleda Salvaje, recordó varias historias que escuchó de niña entre los últimos supervivientes de su pueblo: leyendas sobre una capilla perdida en lo más profundo del bosque, un santuario levantado en honor a una entidad vinculada a la muerte, la memoria y el final de todas las cosas.
Ese nombre era Sabbath.
Bradford no tarda en reaccionar. Siempre había tratado el Cuchillo Óseo como una reliquia valiosa, extraña y peligrosa, pero nunca conoció del todo su origen. Ahora sospecha que esa arma, que ha llevado consigo durante tanto tiempo, está relacionada de forma mucho más profunda con los hombres bestia y con la propia decadencia de su raza.
Carmen propone volver a la Arboleda Salvaje para encontrar la Capilla de Sabbath. No busca solo respuestas sobre su pueblo: quiere saber por qué ella es la última mujer de su raza y por qué los semihumanos fueron desapareciendo generación tras generación.
Para esta misión, Bradford y Carmen deben formar parte obligatoria del grupo. Los otros dos miembros pueden elegirse libremente.
#Regreso a la Arboleda salvaje
Al volver a Glanndraic y adentrarse de nuevo en la Arboleda Salvaje, el grupo descubre que el lugar ha cambiado. Ya no es simplemente un bosque laberíntico, sino una extensión cada vez más opresiva, como si el rencor y la tristeza de algo antiguo hubieran echado raíces bajo la tierra. El aire es pesado. Los árboles son más densos. Algunas zonas están cubiertas por niebla oscura y por raíces retorcidas que parecen moverse cuando nadie las mira.
Carmen explica que ese no es el bosque que recordaba. La corrupción se ha extendido desde las ruinas interiores, como si algo allí llevara mucho tiempo alimentándose del dolor acumulado de su pueblo.
Bradford intenta bromear, pero le cuesta mantener la compostura. El Cuchillo Óseo vibra a medida que avanzan.
#Las ruinas interiores
En el corazón del bosque, ocultas tras pasillos de piedra cubiertos por raíces y estatuas semiderruidas, se encuentran las ruinas de una construcción mucho más antigua de lo que Carmen esperaba. No se trata solo de una capilla, sino de un enorme complejo funerario: pasillos enterrados, cámaras de ofrendas, patios hundidos, criptas, altares de piedra ennegrecida y corredores que se entrecruzan como un laberinto ceremonial.
La atmósfera del lugar es sofocante, como una mezcla entre templo sagrado y prisión olvidada. Los muros están cubiertos por relieves de hombres bestia arrodillados ante una figura alada y esquelética. Algunas salas contienen espejos ennegrecidos, otras fosas comunes, y otras largas galerías donde docenas de antorchas apagadas siguen incrustadas en la piedra como si esperasen el regreso de un culto extinguido.
La influencia de Sabbath ha convertido las ruinas en una especie de laberinto de represión y odio antiguo, donde el dolor acumulado de generaciones parece haberse solidificado en las paredes. A medida que el grupo avanza, aparecen visiones fragmentadas: madres llorando hijos no nacidos, cazadores enterrando los últimos restos de su tribu, ancianos mirando al cielo mientras su linaje se extingue sin remedio.
#La verdad sobre el Cuchillo Óseo
En una cámara central, el grupo descubre un mural ceremonial casi intacto. Carmen logra interpretar parte de sus símbolos gracias a las leyendas de su pueblo, y Bradford reconoce en él la misma forma del Cuchillo Óseo.
La verdad queda al descubierto.
El Cuchillo Óseo no era un arma cualquiera. Fue una reliquia sagrada de los hombres bestia, forjada generaciones atrás a partir de fragmentos de los huesos de Sabbath, un Eidolon vinculado a la muerte. Los antepasados de Carmen no invocaban a Sabbath como a un espíritu protector normal. Lo reverenciaban y lo temían. Sabbath representaba el final, el descanso, la pérdida y la frontera que separa a los vivos de los muertos.
Cuando una gran calamidad cayó sobre su raza, uno de los líderes del pueblo decidió romper el equilibrio. Tomó restos sagrados de Sabbath y mandó forjar con ellos un cuchillo ritual, creyendo que así podría dominar el poder de la muerte y utilizarlo para proteger a los suyos.
El resultado fue una maldición.
La esencia de Sabbath, arrancada de su reposo y convertida en herramienta, dejó de actuar como principio natural y empezó a filtrarse en la sangre del pueblo de los hombres bestia. No los exterminó de golpe. Lo hizo de una forma más cruel: generación tras generación, la fertilidad de la raza fue desapareciendo. Los nacimientos se volvieron escasos. Las camadas menguaron. Las mujeres dejaron de concebir. La raza se fue apagando lentamente.
Carmen escucha en silencio la revelación.
Entonces comprende algo aún más doloroso. No es simplemente una vagabunda extraña ni una superviviente por casualidad. Es la última mujer de su raza. Y, como las últimas generaciones antes que ella, es estéril. Nunca ha podido concebir, ni podrá portar un hijo mientras la maldición siga viva.
La noticia la deja inmóvil.
Bradford también recibe su propia herida: los registros y los nombres antiguos revelan que él desciende del linaje del artesano que forjó el Cuchillo Óseo. Su familia abandonó hace generaciones el mundo de los hombres bestia, se mezcló con otros pueblos y perdió la memoria de su origen, pero no escapó a la carga espiritual de aquel acto. Bradford lleva dentro una parte dormida de la maldición de Sabbath. Por eso el cuchillo lo reconoció. Por eso la sombra responde a él. Por eso no fue destruido al acercarse a una reliquia que habría consumido a cualquier otro. Pero esa misma herida impide que lo toque o lo blanda como arma propia: si intentara usarlo, la repulsión espiritual reabriría la profanación que su linaje arrastra.
#El descenso a la Capilla
Con la verdad revelada, el grupo debe descender a la parte más profunda de las ruinas: la verdadera Capilla de Sabbath. Se trata de un santuario enterrado bajo el complejo funerario, un espacio circular rodeado de pilares rotos, fosas abiertas y raíces negras que atraviesan el techo y las paredes. En el centro reposa un altar de hueso y piedra, cubierto por símbolos de luto y cadenas de contención.
A medida que se acercan, el Cuchillo Óseo se agita con más violencia. La corrupción acumulada en el lugar ha dado forma a algo que ya no es el Eidolon original, sino una manifestación torcida de su dolor y de la culpa de los hombres bestia.
De las sombras del altar emerge el enemigo final.
#Jefe: Avatar corrupto de Sabbath
El Avatar corrupto de Sabbath no es la verdadera esencia del Eidolon, sino una deformación nacida del resentimiento, la pérdida y la profanación de sus restos. Tiene aspecto de figura gigantesca y esquelética, envuelta en velos oscuros, huesos retorcidos y alas incompletas hechas de sombra y ceniza. Donde debería haber serenidad, hay odio. Donde debería haber reposo, hay hambre.
Durante la batalla, el Avatar usa ataques vinculados a muerte, oscuridad, maldiciones y debilitamiento del grupo. Puede invocar ecos de hombres bestia caídos, extender zonas de corrupción por la arena y marcar a Bradford y Carmen con ataques especiales relacionados con su vínculo con la maldición.
Bradford debe resistir el impulso del cuchillo, que intenta arrastrarlo hacia el núcleo del Avatar. Carmen, por su parte, siente cómo la maldición de su sangre reacciona con cada golpe, obligándola a enfrentarse no solo al monstruo, sino a la idea de que su pueblo murió lentamente por culpa de un error ancestral.
En el momento culminante del combate, Bradford entiende que no puede vencer intentando dominar a Sabbath como hizo su ancestro. Debe hacer justo lo contrario: aceptar la muerte como parte del equilibrio, no como un arma. Con esa comprensión, deja de intentar reclamar el Cuchillo Óseo para sí y guía a Maverik en el instante decisivo. La reliquia deja de resistirse, Maverik puede canalizarla sin reabrir la herida del linaje y el grupo logra destruir la corrupción del Avatar sin aniquilar la esencia del Eidolon.
#La disipación de la maldición
Al caer el Avatar, la oscuridad de la capilla se disipa lentamente. La atmósfera opresiva desaparece. Las raíces negras se secan. La niebla se aligera. Lo que queda en el centro del altar ya no es una masa de odio, sino una presencia tranquila y antigua. La auténtica voluntad de Sabbath se manifiesta por un instante. No habla con palabras, pero el grupo comprende su mensaje: fue profanado, fragmentado y convertido en instrumento, y esa herida se extendió a través de la sangre de quienes quisieron poseerlo. Ahora, al destruir la corrupción, el ciclo puede cerrarse.
La maldición se rompe.
Bradford sobrevive al vínculo con el cuchillo y deja de ser consumido por la sombra. A partir de ahora puede canalizar el poder de Sabbath sin perderse en él. Carmen siente cómo desaparece de su cuerpo una presión antigua, una ausencia que siempre estuvo allí y que jamás había entendido del todo. La maldición que condenó a las mujeres de su raza queda disipada. Los hombres bestia no volverán de la nada ni se restaurará mágicamente un pueblo extinguido, pero ella ya no está condenada. Si algún día desea ser madre, podrá serlo.
Carmen, normalmente reservada, no encuentra palabras. Bradford tampoco bromea; ambos permanecen un momento en silencio ante el altar, comprendiendo el peso de lo ocurrido.
#Recompensa: la capacidad de acceder a Sabbath
En el altar purificado no aparece un pergamino ordinario. Lo que cambia es el vínculo mismo. Bradford obtiene la capacidad legítima de Acceder a Sabbath mediante canalización, ya no como corrupción ni como eco hambriento, sino como pacto oscuro y equilibrado. A diferencia del Avatar, Sabbath como manifestación no representa destrucción ciega, sino el poder del final, del juicio y del descanso.
Bradford conserva la custodia simbólica del Cuchillo Óseo, pero este deja de ser una carga maldita y pasa a ser una reliquia vinculada a su linaje y al nuevo pacto con Sabbath. No lo blande como arma propia ni lo lleva como espada de combate: sigue siendo una hoja que solo puede entregarse sin riesgo a otra mano, y en combate esa mano es la de Maverik.
#Resolución
Al salir de las ruinas, la Arboleda Salvaje parece distinta. No se convierte en un lugar alegre, pero sí menos asfixiante. Parte del peso que la oprimía se ha marchado.
Carmen comprende al fin quién era: no una simple errante, sino la última mujer de un pueblo condenado por una maldición antigua. Saber que esa maldición ya no define su futuro le da una libertad nueva, aunque también la enfrenta a la inmensidad de la pérdida. Ya no puede salvar a su raza, pero sí decidir qué hacer con su propia vida.
Bradford, por su parte, asume que no era un ladrón cualquiera con un objeto raro, sino el heredero accidental de una culpa antigua. Su linaje participó en la profanación de Sabbath, y parte de esa sombra vivía en él. Al vencer al Avatar, Bradford deja de huir de ese pasado y aprende a usar el poder de Sabbath sin convertirse en su esclavo.
La misión revela que:
- El Cuchillo Óseo fue forjado a partir de los huesos de Sabbath.
- Sabbath es un Eidolon vinculado a la muerte, el descanso y el final del ciclo.
- La maldición de Sabbath consumió lentamente a los hombres bestia, destruyendo su fertilidad a lo largo de generaciones.
- Carmen es la última mujer de su raza y era estéril debido a esa maldición.
- Bradford desciende del forjador del Cuchillo Óseo y llevaba en su interior una parte de la maldición.
- Al derrotar al Avatar corrupto de Sabbath, la maldición se disipa.
- Bradford puede canalizar el poder de Sabbath sin ser consumido.
- Carmen recupera la posibilidad de ser madre si así lo desea.
Con la Capilla de Sabbath purificada, el grupo abandona la Arboleda Salvaje con una sensación extraña: no han restaurado un pueblo perdido, pero sí han roto el ciclo de odio y decadencia que llevaba siglos pudriéndose en sus ruinas.
Fogones de la Náyade
De vuelta en la Náyade, Bradford descubre una cocina auxiliar oculta mientras intenta abrir compartimentos de suministros. La escena, al principio ligera, se convierte en un momento íntimo para Carmen: tras cerrar la deuda de Sabbath y liberarse del peso de la maldición de su pueblo, comprende que ya no tiene que limitarse a comer para sobrevivir. Puede aprender a cocinar para vivir, compartir y construir algo parecido a un hogar.
Después de atravesar un corredor lateral de la Náyade, Bradford fuerza una compuerta secundaria. La puerta se abre con un suspiro hidráulico y revela una sala amplia, sorprendentemente intacta: hornillos plegables, placas de cocción, armarios de conservación, fregaderos, una mesa central, cajones de utensilios, un horno de convección arqueotécnica y varios módulos de despensa conectados al sistema interno de la nave.
Bradford se queda mirando la estancia.
— Bueno. No es oro, pero puede convertirse en algo vendible si nadie pregunta demasiado.
Katshy salta sobre la mesa y empieza a olfatear los cajones.
— Aquí hubo pedcado.
Sheena revisa un panel con absoluta seriedad.
— Según el inventario residual, esta sala está registrada como cocina auxiliar de tránsito. Puede procesar proteínas, cereales, raíces, algas, hongos, frutos, pescado y materia orgánica de origen no hostil.
Bradford la mira.
— Me encanta que hayas especificado “no hostil”.
Carmen no dice nada. Entra despacio, toca una sartén vieja, abre un cajón lleno de cuchillos de cocina y observa los fogones como si estuviera ante una herramienta extraña. No parece emocionada al principio. Parece confundida.
Bradford se da cuenta.
— ¿Todo bien, grandullona?
Carmen tarda en responder.
— He cocinado alguna vez. Carne quemada. Raíces. Bichos que no querían ser cena. Cosas así.
Katshy asiente desde dentro de un armario.
— Eso cuenta.
Carmen niega con la cabeza.
— No. Eso era comer para no morirme.
Se hace un silencio breve.
Carmen deja la sartén sobre la mesa, mira la cocina y luego al grupo.
— Igual ya va siendo hora de aprender a comer para vivir.
Bradford sonríe, pero no se burla. Por una vez entiende que no toca convertirlo todo en chiste.
— Puedo ser pinche. He sobrevivido años con pan duro, queso robado y una daga. Algo aportaré.
Sheena levanta la mano ligeramente.
— Puedo leer instrucciones y medir cantidades.
Katshy aparece con una raspa en la boca.
— Puedo pdobadlo todo.
Carmen los mira. Luego se ríe, no muy fuerte, pero de verdad. Una risa corta, ronca, liberada.
— Vale. Pero si alguien roba ingredientes antes de tiempo, lo corto en juliana.
— Ha empezado ella.
Katshy mastica sin culpa.
— Soy el condtdol de calidad.
Desde ese momento queda desbloqueado el minijuego Fogones de la Náyade, donde Carmen prepara platos usando ingredientes de pesca, huerto, exploración y comercio regional.