En las galerías superiores, el grupo encuentra el rastro de Nikolai: soldados de Grant aplastados por accidentes, compuertas arrancadas, cristales rotos y marcas de golpes enormes en paredes que deberían ser casi indestructibles.
Nikolai no ha venido solo como mercenario.
Grant lo ha potenciado.
Su cuerpo está cubierto por una armadura arcana de hielo, conectada a tubos que bombean un fluido azul oscuro por sus venas. Lleva placas de cristal nivarel incrustadas en los hombros, un núcleo de escarcha en el pecho y brazos reforzados con tecnología de presión. Su piel está pálida, casi gris. Respira vapor helado.
Pero sigue siendo Nikolai.
Ruidoso, brutal, orgulloso y mucho más inteligente de lo que aparentaba.
Cuando el grupo llega al Pináculo de Cristal, Nikolai los espera junto a un taladro arcano clavado en una raíz principal de Nervalis. El dispositivo intenta extraer patrones de memoria del árbol y enviarlos hacia Nordhryn mediante una señal de baja frecuencia.
Sheena exige que se detenga.
Nikolai se ríe.
Dice que todos siempre piden lo mismo antes de empezar una pelea.
#El relato de Nikolai
Durante el enfrentamiento, Nikolai empieza a hablar.
No como Seferis, que convertía cada frase en teatro. No como Silas Arclight, que habla desde arriba. Nikolai habla como un soldado viejo que sabe que quizá esta vez no saldrá andando.
Cuenta que nació lejos de Nordhryn, en una frontera sin nombre, en una tierra donde los mapas cambiaban cada vez que ganaba un ejército distinto. Su infancia fue barro, hambre y hombres uniformados prometiendo orden a cambio de obediencia.
De joven fue reclutado por una compañía militar privada. Aprendió que un país podía desaparecer de los mapas, pero un contrato seguía teniendo valor. Peleó para reinos, corporaciones, nobles y gobiernos que ni siquiera sabía pronunciar. Nunca luchó por una bandera. Luchó por sobrevivir, por comer y porque era bueno rompiendo cosas.
Grant lo encontró después de una guerra menor en la que su unidad fue abandonada. Le ofrecieron dinero, implantes, tratamiento para heridas que lo habrían dejado inválido y una cosa que nunca había tenido: continuidad.
Un lugar donde su brutalidad no era vergüenza, sino herramienta.
Nikolai sabe que Grant lo usa.
No se engaña.
Pero desprecia más a quienes fingen no usar a nadie. Reinos, academias, pueblos antiguos, dioses de cristal, todos mandan a otros a morir por algo que llaman deber, paz, memoria o equilibrio.
Grant, al menos, paga.
Durante el combate, se dirige especialmente a Sheena. Le dice que ella también fue fabricada para una función. La diferencia es que tuvo suerte: encontró gente que le puso palabras bonitas encima. Pero el mundo no cambia porque alguien te llame persona.
Sheena responde que quizá no.
Pero cambia lo suficiente para impedir que otros decidan por ti.
Nikolai sonríe.
Por primera vez, parece respetarla.
#Jefe: Nikolai, Corazón de Escarcha
El combate final ocurre en el Pináculo de Cristal, una plataforma superior dentro de Nervalis donde las ramas del árbol se abren hacia el cielo de Jynsmoon. Bajo los pies del grupo se ve Ilissar brillando en lo profundo. Sobre ellos, la aurora tiembla.
Nikolai combate con una mezcla de fuerza bruta, tecnología de Grant y magia de hielo robada:
- golpes físicos devastadores;
- ondas de choque que rompen plataformas de cristal;
- armadura de escarcha que reduce daño;
- taladros arcanos que drenan PM del grupo;
- pilares de hielo que separan personajes;
- embestidas que pueden dejar K.O. a aliados debilitados;
- estados de Congelación y Shock;
- una fase final donde el núcleo de hielo de su pecho se sobrecarga.
El combate debe sentirse como una revancha real.
En Ciudad Bujía, Nikolai escapó.
Aquí no.
A mitad de batalla, Nikolai pierde parte de su armadura y se ve que la tecnología de Grant lo está destruyendo. El núcleo de escarcha no lo potencia gratis: le congela órganos, le cristaliza sangre y le roba sensibilidad. Él lo sabe.
No le importa.
Dice que siempre imaginó morir de una forma más ruidosa.
En la última fase, intenta hacer estallar el taladro arcano y dañar Nervalis. No por odio a los Nivarel, sino para cumplir el contrato. Maverik y Sheena interrumpen la canalización. El grupo destruye el núcleo de su armadura.
Nikolai cae.
#Muerte de Nikolai
Nikolai queda arrodillado sobre el cristal roto. El vapor de su cuerpo se vuelve blanco. La armadura se agrieta. Por primera vez, no intenta levantarse.
Mira a Maverik y se burla de que un protagonista silencioso siempre parece más profundo de lo que es.
Luego mira a Sheena.
Le dice que no permita que Grant escriba el final de su cuerpo. Si va a morir, que sea por algo suyo. Si va a vivir, también.
No lo dice con ternura. Lo dice como alguien que no sabe hablar de otra forma que no sea golpeando.
Sheena le pregunta por qué siguió trabajando para Grant si sabía que lo estaban destruyendo.
Nikolai responde que porque Grant nunca le mintió del todo. Le prometieron poder hasta que su cuerpo no aguantara más. Eso le dieron. Lo demás fueron adornos.
Antes de morir, añade que Silas Arclight no necesita soldados eternos. Necesita modelos. Prototipos. Pruebas. Todos en Grant son reemplazables, incluso los que creen estar por encima.
Después ríe una última vez.
No una risa triunfal.
Una risa cansada, rota, casi humana.
Nikolai muere en el Pináculo de Cristal.
Esta vez no escapa.