La central eléctrica abandonada de Yuhán es una instalación vieja, enorme y parcialmente reactivada por Grant. Debe sentirse como un cadáver industrial al que la corporación ha enchufado cables nuevos: generadores oxidados, pasarelas metálicas, salas de control antiguas, antenas, torres de comunicación y terminales modernos instalados sobre tecnología obsoleta.
Al llegar, el grupo encuentra a Gasón discutiendo con Seferis.
La reaparición de Gasón confirma que su salida de Bronsbury no fue un simple berrinche. Ha seguido la pista de Grant por su cuenta, obsesionado con demostrar que tenía razón y con recuperar la dignidad que perdió tras el incidente del Edificio Grant y su humillación ante Seferis. Sigue siendo temerario, orgulloso e incapaz de pedir ayuda con normalidad, pero está allí por la razón correcta.
Seferis, en cambio, aparece ya como ejecutor de una operación mucho más seria. No está allí para conquistar Yuhán sin más. La antena de la central forma parte de una maniobra geopolítica.
Tras una conversación tensa, Seferis desaparece o se retira hacia el núcleo de la instalación. Gasón explica al grupo lo que ha descubierto: Grant planea utilizar la antena de comunicación para emitir una declaración de guerra falsa hacia el continente de Ferklin.
La señal hará parecer que Masthann, país del sur de Ferklin, o fuerzas hostiles ligadas a su esfera política, amenazan al norte, territorio asociado a Begonia y a sus dragones. Al mismo tiempo, Grant prestará apoyo encubierto al sur, a Masthann, para alimentar el conflicto desde ambos lados.
Lo que parecía una misión para liberar una isla se revela como algo mucho peor: Yuhán es solo el punto de emisión de una guerra fabricada.
Ortega entiende enseguida la gravedad. Begonia no es una potencia menor, y sus dragones son mucho más peligrosos de lo que la propaganda moderna suele admitir. Si Grant consigue provocar una guerra entre Begonia y Masthann, el conflicto puede extenderse por todo Ferklin y arrastrar a otras naciones.
Maverik decide dividir al grupo para cubrir más terreno dentro de la central.
Un equipo estará formado por Maverik, Eva y Ortega. El otro por Steve y Gasón.
Gasón acepta la división porque quiere llegar hasta Seferis cuanto antes. Ortega también está de acuerdo porque conoce la urgencia del objetivo. Steve, en cambio, murmura que nadie ha nombrado a Maverik líder, pero aun así obedece. Ese detalle sirve para mantener el tono de grupo joven: Maverik empieza a tomar decisiones de mando, pero no todos saben todavía cómo encajar esa autoridad.
La central se estructura en varias rutas. Steve y Gasón avanzan por el camino de la derecha, mientras Maverik, Eva y Ortega toman el camino central. Una tercera ruta puede quedar como vía de exploración, sala de control auxiliar o acceso bloqueado que refuerza la sensación de instalación compleja.
Durante el avance, ambos grupos desalojan soldados, técnicos armados y sistemas automatizados de Grant. La misión tiene un ritmo de carrera contra el tiempo. Cada sala superada puede acercar al grupo al generador, pero también acerca a Seferis a completar la emisión.
Seferis y Gasón
Maverik, Eva y Ortega llegan finalmente al cuarto del generador, donde espera Seferis. La sala concentra el corazón de la central: energía desviada hacia la antena, pantallas de transmisión, símbolos de Grant y sistemas preparados para emitir el mensaje de guerra.
Seferis no se muestra nervioso. Al contrario, parece disfrutar de que hayan llegado tarde pero no lo suficiente como para comprenderlo todavía. Se burla de Bronsbury, de Ortega y de la idea de que un grupo de graduados pueda detener una operación corporativa diseñada a escala continental.
Maverik le planta cara y comienza el combate.
La batalla contra Seferis debe sentirse desigual. El grupo puede aguantar, presionar y resistir, pero no controlar del todo la situación. Seferis es más rápido, más preciso y más cruel que cualquier soldado de Grant. No está allí para pelear honorablemente; está allí para ganar tiempo.
En mitad de la pelea aparece Gasón.
Llega herido, furioso y decidido a enfrentarse a Seferis por su cuenta. Obliga a los demás a apartarse, no porque sea lo más sensato, sino porque necesita que esa batalla sea suya. Seferis lo humilló en Bronsbury. Grant lo convirtió en culpable público. Si no puede derrotarlo ahora, siente que nunca dejará de ser el chulo de playa que se metió donde no debía.
Gasón y Seferis luchan durante un tramo largo, suficiente para que el jugador vea que Gasón ha mejorado. Ya no es solo fuerza bruta y pose. Ha entrenado, ha seguido pistas y ha llegado más lejos de lo que nadie esperaba. Pero no basta, Seferis lo derrota. La derrota de Gasón no debe sentirse cómica. Es el punto en que su orgullo se rompe de verdad. Seferis le demuestra que su rabia no alcanza para vencer a alguien convertido en arma corporativa.
Mientras el grupo reacciona, Seferis aprovecha el tiempo ganado para completar la emisión: la antena se activa y el mensaje de guerra sale de Yuhán.
Grant logra fabricar una declaración hostil que presenta a Masthann como amenaza hacia el norte de Ferklin, alimenta el miedo de Begonia y ofrece respaldo al sur masthanio. En cuestión de minutos, la operación local se convierte en una chispa continental.
Ortega pregunta, horrorizado, qué ha hecho.
Advierte que eso puede desencadenar una guerra mundial. Ferklin no es una región menor: Begonia y Masthann llevan tensiones históricas, recursos, orgullo nacional y fuerzas militares capaces de arrastrar a medio mundo. Los dragones begonios son más poderosos de lo que Grant parece creer.
Seferis responde con desprecio. Dice que Grant ya posee un poder capaz de destruir el planeta entero si le apetece. La frase es exagerada, arrogante y quizá propagandística, pero cumple su función: deja claro que Seferis no ve naciones, pueblos ni vidas; solo escalas de poder.
Dicho esto, toma a Gasón y desaparece con él.
Grant no solo ha enviado el mensaje. También se lleva al alumno que más cerca estuvo de descubrirlos al principio.
Fracaso en Yuhán
Horas después, Grant abandona Isla Yuhán.
La ciudad queda liberada en apariencia, pero no victoriosa. El grupo ha cortado parte de la ocupación, ha dañado la operación local y ha obligado a la corporación a retirarse, pero ha fracasado en lo esencial: la declaración de guerra ha sido emitida y Gasón ha sido capturado.
Maverik, Steve y Eva quedan desconsolados. No es una derrota total de combate, sino algo peor para ellos: han ganado suficientes batallas como para sentir que deberían haber podido evitar el desastre, pero no lo han hecho.
Steve se culpa por no haber podido detener a Gasón. Eva piensa en Jennie, enferma en el barco, y en lo absurdo que resulta haber sacrificado su cuidado inmediato para una misión que también ha fallado. Maverik carga con la decisión de haber priorizado el objetivo sobre Jennie y aun así no haber impedido la maniobra de Grant.
Ortega intenta contener la situación. Les dice que no importa en el sentido práctico inmediato: Grant acabará siendo descubierta, Yuhán todavía puede resistir y el mundo sabrá tarde o temprano que la corporación ha manipulado los hechos. Pero sus palabras no suenan como una victoria. Suenan como un hombre intentando impedir que unos jóvenes se hundan después de descubrir que hacer lo correcto no siempre basta.
El grupo se retira a la posada de la ciudad. Ortega vuelve a su mansión para reorganizar la defensa política de la isla y preparar comunicaciones oficiales. Antes de marcharse, entrega al grupo una nota que certifica que han cumplido su misión en Yuhán.
El documento es casi cruel.
Administrativamente, han cumplido.
Narrativamente, han fracasado.
El acto termina con esa contradicción: Isla Yuhán respira, Grant se retira, Bronsbury podrá registrar la misión como completada… pero Ferklin acaba de recibir la chispa de una guerra fabricada, Gasón está en manos del enemigo y Jennie sigue envenenada.
El grupo ya no puede creer que sus misiones vayan a cerrarse limpiamente.
A partir de aquí, cada victoria tendrá una sombra.