La Náyade pone rumbo al norte helado.

Durante el viaje, Jennie repasa con el grupo la historia de Jynsmoon y los Nivarel. No habla como experta absoluta, porque casi nadie en Tailath lo es. Habla a partir de archivos incompletos, relatos contradictorios y notas de Bronsbury que durante años trataron a Jynsmoon más como frontera mítica que como continente vivo.

Los Nivarel fueron los antiguos habitantes de Nordhryn. Antes de la nación humana, antes de Grant, antes de las fábricas, los diques y los trenes blindados, custodiaban Godgrassyl como árbol sagrado. No lo explotaban como batería ni como recurso estatal. Lo veneraban como memoria viva de la tierra.

Los humanos del sur de Nordhryn los expulsaron tras una guerra antigua. La versión nordhryniana habla de liberación, supervivencia y modernización. La versión nivarel habla de profanación y despojo. La verdad puede tener capas, pero el resultado fue indiscutible: los Nivarel perdieron su hogar.

Huyeron a Jynsmoon.

Allí, donde casi nadie podía sobrevivir, cambiaron. Se adaptaron al hielo, pactaron con espíritus de escarcha y levantaron Ilissar, una ciudad de cristal a los pies de Nervalis, un árbol gigantesco de hielo nacido de una semilla salvada durante el exilio.

Damian Voss escucha en silencio.

Cuando ve los mapas de Jynsmoon, comenta que su civilización también conoció árboles imposibles: organismos que no eran solo vida, sino archivo, raíz, frontera y memoria. Si Godgrassyl es memoria de tierra húmeda, Nervalis podría ser memoria congelada.

Parice se entusiasma con la idea.

Sheena no.

Ella piensa en el Archivo Radicular, en los clones fallidos, en el abdomen podrido del falso Aury y en la posibilidad de que Grant esté buscando una manera de almacenar identidad fuera de cuerpos defectuosos.

#El papel de Liara, Maira, Sanaya y Amanda

La comunicación con Liara se mantiene durante el trayecto.

El acto debe aprovechar para recolocar a las chicas dentro de la historia. Ya no son solo compañeras de Bronsbury vistas durante la graduación ni el equipo secundario que quedó atrapado en la guerra. Han evolucionado.

Liara actúa como mediadora principal. Sigue teniendo un punto teatral y mandón, pero la guerra y Jynsmoon la han obligado a escuchar antes de hablar. Sabe que con los Nivarel cada palabra mal elegida puede sonar a excusa colonial.

Maira se ocupa de lo social y lo práctico. Ha logrado caer bien a algunos jóvenes nivarel, aunque nadie sabe exactamente cómo. También ha conseguido mantas, guantes, comida caliente y un mapa incompleto a base de favores, sonrisas y descaro.

Sanaya ayuda en los puestos de curación. Los Nivarel respetan su calma, su discreción y su forma de atender heridos sin convertir cada gesto en demostración diplomática.

Amanda lleva el registro serio: rutas, horarios, facciones del consejo, tensiones internas, accesos bloqueados y nombres que conviene no pronunciar delante de según quién.

Gracias a ellas, Bronsbury no llega a Jynsmoon a ciegas.

Llega tarde, pero con una puerta entreabierta.