Localizaciones: costa helada del noroeste / Bronsbury / Kantandech / Alcantia / Yuhán / Ferklin / Malastria / Verdatia / Jynsmoon / Ilissar / Umbroot / Ciudad Bujía / Arboleda Salvaje / fondo del océano Tipo de acto: cierre narrativo, político y emocional Personajes principales: Maverik Windrider, Eva Lucita Ranley, Steve Howell, Jennie / Jennifer Aeson, Sheena Meiers, Damian Voss, Parice Schreiter, Edmundo Ortega, Bradford Antiques, Carmen la Grande, Gale Carlson, Alejandro Bedoya, Katshy, Brando Lockair, Gaia Hopesoil, Martin Bronsbury, Sazhar Veyrakk, Liara Jaramilla, Maira Bonpatrón, Sanaya de Luces-Fuentespina, Amanda Socharis, Anika Volskaya, Minaer Lastend, Dorel Ulfarath, Alinne Ortega, el Consejo de Masthann y los supervivientes de Tailath. Objetivo: cerrar las consecuencias humanas y políticas de la caída de Grant, despedir a Damian Voss, mostrar qué ocurre con los personajes principales y secundarios, y dejar una última sombra abierta.

La pantalla blanca permanece unos segundos más de lo normal. El sonido agudo desaparece poco a poco. Después, silencio.

#Después del Pilar

El primer plano muestra una costa helada al sur del lugar donde estuvo el Pilar Negado. El cielo ya no es verde. Las nubes giran lentamente, abiertas por una columna de luz que se disipa hacia el espacio. En el mar flotan restos de piedra negra, fragmentos del Edificio Grant y placas arrancadas de la Náyade. La tormenta que rodeaba el Pilar se ha roto. Donde antes había una presencia imposible, ahora solo queda un vacío sobre el océano.

Maverik despierta sobre la nieve. Durante unos segundos no puede moverse. Sus brazos están cubiertos de quemaduras oscuras, pero las Stygmas han desaparecido. No brillan, no laten, no responden. Solo quedan cicatrices pálidas, como si la marca que lo había unido a Goralax se hubiera apagado para siempre.

Eva está a su lado. También ha sobrevivido. Está herida, agotada y cubierta de escarcha, pero viva. Al verlo abrir los ojos, intenta decir algo, pero se le rompe la voz. Maverik no habla. Simplemente extiende una mano hacia ella. Eva la toma y apoya la frente contra la suya.

Cerca de ellos aparecen Steve y Jennie, arrastrándose fuera de una cápsula de emergencia medio enterrada en la nieve. Steve intenta ponerse en pie demasiado rápido y cae de rodillas. Jennie lo sujeta, agotada pero consciente. Durante un momento, los cuatro se miran sin decir nada. Han vuelto a ser los chicos de Kantandech. Pero ya no son los mismos.

Poco a poco, otros supervivientes aparecen entre los restos. Sheena emerge de un banco de niebla, débil, pero estable. La energía de Selene ya no la llama desde ninguna parte. Si completó la trama de Ilissar, su presencia resulta más serena, como si la inmortalidad extraña que aceptó allí hubiese encontrado por fin un lugar dentro de ella. Si no la completó, sobrevive igualmente, pero su mirada conserva una melancolía más profunda, una conciencia de que su vida seguirá siendo una pregunta abierta.

Bradford aparece colgando de un fragmento de metal, quejándose de que, después de salvar el mundo, al menos podrían haber caído cerca de una taberna. Carmen lo levanta de un tirón y le dice que, si puede quejarse, puede caminar. Ortega despierta junto a Gale, protegiéndolo con su propio cuerpo entre restos de hielo y piedra. Gale está vivo, aunque temblando. Ortega mira hacia el norte, hacia el hueco donde antes estaba el Pilar, y comprende que Yuhán no ha sido el único lugar que necesitará reconstrucción.

Parice aparece al lado de un panel arrancado de la Náyade, furiosa porque el aparato está destruido. Luego ve que varios de sus compañeros siguen vivos y se calla. Durante una décima de segundo parece emocionarse. Después declara que aquello ha sido una catástrofe técnica de valor incalculable y empieza a recoger piezas. Bedoya surge de una cápsula deformada, abrazado a su instrumento como si fuera un tesoro nacional. Dice que ha soñado una canción horrible y que piensa convertirla en un éxito. Katshy sale de debajo de su abrigo, maúlla indignada y le araña la cara.

La Náyade no vuelve a levantarse. Lo que queda de ella se hunde lentamente en el mar helado, como una ballena antigua que ha cumplido su último viaje. Parice intenta localizar señales activas, pero solo encuentra una transmisión débil, grabada antes del colapso. Damian Voss dejó activado un protocolo de evacuación en los últimos segundos. La explosión del Pilar habría borrado al grupo si la Náyade no hubiera expulsado cápsulas de emergencia y redirigido parte de la energía fuera de la zona de impacto.

Damian no aparece entre los supervivientes. Maverik lo busca entre los restos. Sheena también. Pero no hay cuerpo. Solo una pieza quemada de la consola goralaxi de la Náyade, todavía emitiendo una luz tenue.

Los rescatan horas después. La Vesper, pilotada por Brando y Gaia desde la Cuenca de los Meteoritos, llega acompañada por naves de Bronsbury, unidades de Ferklin, exploradores de Nordhryn, emisarios nivarel y un pequeño escuadrón de dragones de Begonia. Al frente de estos últimos vuela Rhaum, guiado por el General Sazhar Veyrakk, que ha cruzado medio mundo para comprobar con sus propios ojos que el Pilar ha desaparecido.

Cuando los supervivientes suben a bordo, nadie celebra. No todavía. La victoria pesa demasiado.

#La caída de Grant

Las semanas siguientes cambian Tailath.

La Corporación Grant se derrumba casi de inmediato. Sin Silas Arclight, sin Warham Grant, sin el Edificio Grant, sin el Archivo Radicular, sin el Pilar Negado y con sus crímenes expuestos por Bronsbury, Ferklin, Yuhán, Ilissar, Ciudad Bujía y los propios archivos de Nordhryn, la empresa deja de poder fingir legalidad. Sus sedes son intervenidas. Sus laboratorios son sellados. Sus directivos supervivientes empiezan a negar cualquier relación con Silas demasiado tarde.

En Alcantia, la capital de Cantharia, el gobierno abre investigaciones sobre la financiación de Grant, la desaparición de mendigos, niños sin hogar y prisioneros no registrados. La ciudad más segura del mundo descubre que parte de su seguridad fue construida escondiendo a los débiles bajo el mármol. Durante días, las plazas que Silas Arclight mandó limpiar se llenan de nombres. No monumentos grandilocuentes: nombres escritos en tela, madera, papel, piedra barata. Personas que la ciudad había aceptado olvidar.

La Academia Bronsbury se convierte en una institución clave para custodiar lo que Grant dejó atrás. No como propietaria, sino como mediadora. Martin Bronsbury se niega a que la Academia herede el papel de Grant bajo una bandera más amable. Sus palabras se convierten en una de las frases políticas del posconflicto: ninguna institución debe poseer aquello que no sabe escuchar. Se funda una comisión internacional para estudiar ruinas, Eidolas, Stygmas apagadas, restos goralaxi y Mnemógeno bajo supervisión compartida.

En Nordhryn, la caída de Grant provoca una crisis de Estado. Algunos dirigentes intentan declarar que Silas Arclight actuó solo. Los archivos del Archivo Radicular demuestran lo contrario: demasiados sabían demasiado. Umbroot se ve obligada a abrir comisiones, permitir auditorías extranjeras y responder por décadas de colaboración con una corporación que había usado Godgrassyl como infraestructura viva. El Comandante de los Diques declara ante el consejo provisional y afirma, sin adornos, que Nordhryn no fue conquistada por Grant. Le abrió puertas porque le convenía no mirar lo que había al otro lado.

Godgrassyl queda protegido por un pacto nuevo. Los Nivarel no lo recuperan, porque la historia no se deshace con una firma, pero sí obtienen voz sobre su cuidado por primera vez desde el exilio. Minaer Lastend, desde Bronsbury, es una de las primeras en detectar que el árbol responde mejor a cantos, presencia y silencio que a máquinas de medición. Dorel Ulfarath, fascinado por los trenes de Nordhryn incluso después de todo, termina trabajando en un proyecto para desmontar líneas radiculares militares y convertirlas en rutas civiles. Anika Volskaya, más disciplinada que todos, coordina parte del archivo de testimonios para que nadie pueda volver a decir que no sabía.

#Ferklin, Begonia y Masthann

En Ferklin, Begonia y Masthann firman una paz frágil. El rey Morpheus y el Consejo de las Rosas se reúnen en una ceremonia sin gloria, marcada por muertos, ruinas y desconfianza. Nadie finge que el control mental de Grant borre las responsabilidades de la guerra. El Consejo de Masthann acepta públicamente que fue manipulado, pero también que sus estructuras permitieron que la manipulación tuviera consecuencias terribles. Algunos consejeros dimiten. Otros permanecen para dirigir reparaciones, pero bajo vigilancia de Verdatia, Bronsbury y observadores neutrales.

Morpheus tampoco convierte la verdad en victoria. Begonia sobrevivió, sí, pero a un precio brutal. El Bastión de la Escama Rota queda como símbolo de resistencia y profanación. Allí, el General Sazhar Veyrakk establece una guardia permanente junto a Rhaum y otros dragones recuperados. Sazhar no se convierte en político, ni lo pretende. Su papel es más antiguo: custodiar que ningún reino, empresa o academia vuelva a llamar recurso a un dragón.

La figura de Aury Coureille es rehabilitada oficialmente. El falso Aury pasa a los libros de historia como una de las mayores atrocidades políticas de Grant. El Aury real, todavía viviendo como Aren entre aldeas dañadas, rechaza volver al mando. Envía una carta breve a Verdatia: dice que un nombre limpiado no repara una orden dada con su rostro. Seguirá viajando hasta que sus manos hayan reconstruido más de lo que su imagen destruyó.

En Silentis, Daryl y Bedoya organizan un concierto en honor a los caídos de ambos reinos. No es tan grande como el primero, ni tan esperanzado. Es más sobrio. La canción final incluye un verso sobre Gasón que Bedoya jura haber compuesto sin llorar. Nadie le cree.

#Jynsmoon e Ilissar

En Jynsmoon, los Nivarel permiten por primera vez en siglos que emisarios de otras naciones entren en Ilissar. No abren sus secretos del todo, pero sí su voz. Aeltharion se convierte en una figura central de las conversaciones con Nordhryn. No busca venganza inmediata, pero tampoco reconciliación barata. Dice que un árbol puede sobrevivir al invierno, pero no si se le exige florecer antes de tiempo.

El grupo de Bronsbury formado por Liara Jaramilla, Maira Bonpatrón, Sanaya de Luces-Fuentespina y Amanda Socharis permanece una temporada en Ilissar como célula diplomática. Lo que empezó como una misión secundaria casi accidental acaba teniendo consecuencias enormes. Liara descubre que escuchar antes de hablar puede ser una forma de liderazgo mucho más difícil que imponerse en una sala. Maira, con su habilidad para conectar con cualquiera, termina siendo la primera humana exterior invitada a una celebración juvenil nivarel, aunque nadie sabe si fue por diplomacia, por simpatía o porque logró conseguir dulces de contrabando que no se congelaban. Sanaya trabaja con los sanadores de Ilissar y ayuda a crear protocolos para tratar heridas de hielo espiritual, trauma arcano y exposición a Mnemógeno. Amanda redacta el primer informe serio sobre relaciones nivarel-exteriores. Es tan preciso, tan incómodo y tan imposible de tergiversar que Martin Bronsbury lo manda copiar tres veces.

Las cuatro regresan a Bronsbury distintas. Ya no son solo “las chicas pijas” ni alumnas de fondo en la vida de otros. Son las primeras diplomáticas reales de una generación que ha visto demasiada guerra como para confiar en los discursos fáciles.

#Yuhán

En Isla Yuhán, Ortega regresa con Alinne. No vuelve como héroe triunfal, sino como gobernador que debe pedir perdón, reconstruir y escuchar. La isla empieza a sanar lentamente, aunque no todos están dispuestos a perdonarlo. Grant lo manipuló, sí, pero el daño ocurrió bajo su rostro, con su voz y desde su casa.

Alinne no le permite esconderse detrás de la culpa. Le exige presencia. Si va a gobernar, tendrá que hacerlo sin encerrarse en despachos ni en vergüenza. Ortega acepta. Recorre barrios dañados, visita familias que perdieron casas, escucha insultos sin defenderse y reabre la antigua central eléctrica bajo control ciudadano. La relación entre padre e hija no vuelve a ser sencilla, pero deja de estar rota. Alinne se convierte en una presencia cada vez más importante en la reconstrucción de Yuhán, no como heredera decorativa, sino como alguien capaz de decirle a su padre cuándo está intentando sacrificarse para evitar vivir.

Gale, si fue reclutado, viaja entre Yuhán y Bronsbury para estudiar Monstruomancia bajo tutela. Insiste en que no es un niño pequeño cada vez que alguien intenta protegerlo demasiado. Ortega sigue protegiéndolo de todos modos. Gale aprende a fingir que le molesta menos de lo que dice.

#Kantandech y las familias

En Kantandech, la guerra termina de una forma extraña: no con desfiles, sino con regresos.

Los padres de Maverik lo reciben en la puerta de casa sin saber si abrazarlo, reñirle o preguntarle por qué sus brazos ya no brillan. No entienden Goralax, ni el Pilar Negado, ni la mitad de las palabras que se han usado para explicar lo ocurrido. Pero entienden a su hijo. Entienden que vuelve más cansado, más silencioso y, por primera vez en mucho tiempo, menos perseguido por algo que no sabía nombrar. Su casa no resuelve su destino. Solo le ofrece una mesa, una cama y un lugar donde sus cicatrices no tienen que demostrar nada.

El padre de Eva, empresario textil, intenta al principio hablar de reconstrucción en términos de contratos, suministros, telas resistentes, uniformes y acuerdos comerciales. Eva lo corta con una mirada. Después él deja de hablar como empresario y empieza a hablar como padre. Reconoce que nunca supo qué hacer con una hija que parecía arder incluso cuando estaba quieta. Eva no le perdona todos sus silencios de golpe, pero acepta ayudar a redirigir parte de la industria familiar hacia ropa, mantas y equipos de abrigo para refugiados de Ferklin, Jynsmoon y Nordhryn. Por primera vez, la empresa familiar deja de ser una jaula posible y se convierte en algo que Eva puede transformar sin obedecerlo del todo.

Jennie vuelve a la casa donde la esperan su madre, su tía y su abuela. Las tres han trabajado toda la vida como limpiadoras, sirvientas y camareras, y ninguna sabe muy bien cómo recibir a una hija que ha salvado el mundo. La abuela le pregunta si ha comido. La tía le dice que tiene mala cara. Su madre la abraza sin pedir explicación. Jennie, que ha curado heridas imposibles y sostenido a compañeros al borde de la muerte, se derrumba por completo en esa cocina pequeña. No porque esté débil. Porque allí, por fin, no tiene que ser la persona serena.

La familia Howell recibe a Steve con una mezcla de orgullo, preocupación y absoluta incapacidad para hacer que se siente. Steve intenta contar lo ocurrido como si fuera una aventura con explosiones, frases ingeniosas y un par de momentos heroicos propios. No le sale. A mitad de una broma sobre el Pilar Negado, se queda callado. Su familia no insiste. Le dejan hablar cuando puede, callar cuando necesita y llorar una noche entera sin mencionar el asunto al día siguiente. Steve empieza a visitar el Muro del Recuerdo de Bronsbury más a menudo de lo que admite. Siempre dice que pasaba por allí. Siempre se detiene ante la placa de Gasón.

Maverik, Eva, Steve y Jennie vuelven juntos una tarde a las planicies cercanas a Kantandech, donde cayó la Vesper cuando eran niños. La hondonada ya no emite energía. No hay grieta, no hay sombra, no hay llamada. El viento mueve la hierba como si allí nunca hubiera ocurrido nada.

Steve dice que, si el mundo tiene sentido del humor, es bastante malo. Jennie responde que quizá eso es precisamente vivir: que el lugar donde empezó todo pueda volver a parecer un campo normal.

Eva mira a Maverik. Él se mira los brazos. Las Stygmas ya no están. Eva le pregunta si se siente vacío. Maverik tarda en responder. Luego niega con la cabeza. Por primera vez desde niño, su silencio no parece una carga. Parece descanso.

#Bronsbury

La Academia Bronsbury reabre sus clases entre obras, andamios y ceremonias incómodas. El Muro del Recuerdo recibe visitas constantes. La placa de Gasón Monteverde se llena de objetos absurdos: flores, notas, una cinta de seguridad estudiantil, una púa de Bedoya, una bala descargada de Steve, un papel anónimo que solo dice “tenías razón, imbécil”.

Martin Bronsbury no permite que la Academia convierta la victoria en propaganda. En el discurso de reapertura, dice que Bronsbury no salvó el mundo. Lo hicieron alumnos, profesores, aliados, desertores, monstruos, gatos, músicos, dragones, pueblos heridos y personas que no siempre obedecieron órdenes razonables. Luego mira hacia el Muro y añade que formar jóvenes no significa prepararlos para morir, sino construir un mundo donde no tengan que hacerlo tan pronto.

Anika Volskaya, Minaer Lastend y Dorel Ulfarath regresan como parte de una promoción marcada por la guerra. Anika se incorpora a los nuevos protocolos de campo para impedir que otros grupos de estudiantes sean arrojados a misiones sin apoyo real. Minaer se especializa en invocación y presencia espiritual, obsesionada con la diferencia entre Eidolon, árbol sagrado y memoria viva. Dorel solicita prácticas en Nordhryn y Ciudad Bujía para estudiar trenes, diques y tecnología radicular; sus profesores lo aprueban con una nota escrita: “vigilarlo, pero no cortarle las alas”.

Bedoya sobrevive a su propio mito. Organiza un concierto en honor a los caídos, y la canción empieza como una broma, se convierte en himno a mitad de camino y termina con todo el mundo llorando sin saber muy bien por qué. Steve jura que jamás admitirá haber llorado. Jennie le pasa un pañuelo sin decir nada.

#Los caminos del grupo

Parice Schreiter acaba trabajando entre Ciudad Bujía, Bronsbury y varios comités internacionales que la desesperan a diario. Se niega a entregar restos de tecnología goralaxi a cualquier institución que use palabras como “procedimiento” sin entender el peligro real de lo que está tocando. Su laboratorio se llena de carteles escritos por ella misma: “No privatizar”, “No lamer”, “No conectar a raíces vivas”, “No repetir lo de Grant”.

Bradford y Carmen regresan a la Arboleda Salvaje. No reconstruyen un pueblo perdido, pero sí un santuario. La Capilla de Sabbath deja de ser una herida abierta y se convierte en lugar de memoria. Carmen ya no se define por ser la última de algo, sino por decidir qué hacer con lo que queda. Bradford sigue robando cosas, pero ahora con una fastidiosa tendencia a devolver reliquias malditas a donde pertenecen. Carmen lo llama madurar. Bradford lo llama diversificación profesional.

Sheena no desaparece. Esa es su primera gran victoria. Durante mucho tiempo fue muestra, clon, receptáculo, heredera y amenaza. Ahora decide vivir sin que nadie le diga qué debe ser. Viaja entre Ilissar, Bronsbury y Éilerenn, buscando rastros de otros clones Meiers y cerrando laboratorios ocultos de Grant. No lo hace por Selene. No lo hace por Grant. Lo hace por los cuerpos que nunca tuvieron nombre. Si aceptó el ritual de Ilissar, empieza a comprender que su vida será más larga que la de muchos a quienes ama. No lo convierte en tragedia inmediata. Lo convierte en responsabilidad.

Ortega reparte su tiempo entre Yuhán, Bronsbury y reuniones internacionales que detesta casi tanto como necesita. Ya no intenta ser absuelto. Intenta ser útil. Alinne le acompaña en algunos viajes oficiales y aprende demasiado rápido a distinguir entre disculpas verdaderas y discursos de conveniencia.

Gale estudia, viaja, aprende y se enfada cada vez que alguien le llama niño. Se muda a la Mansión de Ortega, y es adoptado oficialmente por el dirigente. Alinne está muy contenta con su hermano pequeño.

Katshy vuelve a Kantandech con Maverik durante un tiempo y se convierte en la gata más mimada y más peligrosa del pueblo. Nadie sabe explicar por qué a veces mira al cielo como si recordara el Pilar Negado.

Brando y Gaia custodian lo que queda de la Vesper. La nave ya no es promesa de fuga ni anzuelo dimensional. Es memoria técnica de lo ocurrido y advertencia de lo que no debe repetirse. Gaia visita a menudo los restos recuperados de la Náyade. Brando dice que no se encariña con máquinas. Nadie le cree.

#La voz de Damian Voss

La última transmisión de Damian se reproduce días después en Bronsbury, a partir de los restos recuperados de la consola de la Náyade. La imagen no aparece. Solo su voz. Está distorsionada, débil, interrumpida por ruido de fondo y alarmas lejanas. Se grabó durante los últimos minutos del Pilar, cuando Damian ya sabía que no saldría de allí.

“Si alguien escucha esto, significa que la Náyade cumplió su último protocolo. Me alegra. Siempre pensé que esa nave moriría en silencio, perdida entre ruinas que nadie sabría nombrar.”

La voz se corta unos segundos. Luego vuelve.

“Durante mucho tiempo creí que Goralax era una advertencia. Una civilización brillante que se devoró a sí misma por arrogancia, cálculo y miedo. Llegué a Tailath como un resto de esa caída. Como un fugitivo. Como un error que atravesó una grieta y dejó una marca en un niño que no había hecho nada para merecerla.”

Maverik escucha en silencio. Eva está a su lado. Sheena baja la mirada.

“He cargado con esa culpa más de lo que he admitido. La Vesper trajo a Grant una posibilidad. Silas Arclight la convirtió en arma. Selene convirtió nuestra memoria en tumba. Y Maverik... Maverik llevó en los brazos la herida de un mundo que ni siquiera conocía.”

La grabación conserva una respiración lenta. Damian parece sonreír apenas.

“Pero Tailath no es Goralax. Eso tardé demasiado en entenderlo.”

Empiezan a mostrarse imágenes del mundo: Kantandech reconstruyendo sus calles, Yuhán reparando su puerto, Ferklin enterrando a sus muertos, Ilissar brillando bajo la aurora, Godgrassyl meciéndose sobre Nordhryn, Ciudad Bujía expulsando vapor al cielo, Bronsbury abriendo de nuevo sus puertas.

“En Goralax confundimos memoria con posesión. Guardamos recuerdos porque temíamos desaparecer, y al final dejamos de vivir para conservar lo que fuimos. Selene fue el peor resultado de esa enfermedad. Silas Arclight, aunque nació en otro mundo, entendió demasiado bien esa lógica. Quiso poseer la magia, poseer la historia, poseer el dolor, poseer incluso el futuro.”

La voz se vuelve más baja.

“Pero este mundo tiene algo que el mío perdió.”

Pausa.

“Tiene gente que todavía sabe pactar.”

Aparecen imágenes de los Eidolas, no como armas, sino como presencias lejanas: un trueno sobre una montaña, fuego en un templo, una sombra serena en una capilla, hielo moviéndose bajo una aurora, agua brillando bajo el mar, polvo levantándose en una torre antigua.

“Los espíritus no respondieron porque fueran capturados. Respondieron porque alguien les pidió ayuda sin convertirlos en propiedad. Esa diferencia, que a Silas Arclight le habría parecido sentimental, quizá sea la única razón por la que Tailath sigue existiendo.”

La transmisión se llena de interferencias.

“No sé si merezco descansar aquí. No nací en este mundo. Lo herí al llegar. Ayudé tarde. Comprendí tarde. Pedí perdón tarde.”

La voz se quiebra por primera vez.

“Pero es un mundo hermoso.”

Planos de Tailath al amanecer: el mar de Cantharia, los bosques de Éilerenn, las montañas de Begonia, los jardines de Masthann, los picos helados de Jynsmoon, las luces de Torrelanza, menos perfectas y más humanas.

“Cuidadlo mejor de lo que nosotros cuidamos el nuestro.”

Última pausa.

“Y si alguna vez encontráis otro resto de Goralax, no lo adoréis. No lo temáis. No lo vendáis.”

La voz de Damian se desvanece.

“Recordadlo. Y luego seguid viviendo.”

La transmisión termina.

Durante unos segundos, nadie habla. Después, en algún lugar de Bronsbury, una campana empieza a sonar. No como alarma. Como inicio de clase.

#Escena final

El epílogo termina con el mar.

Muy lejos de la costa, en el fondo oscuro del océano, los restos del Edificio Grant yacen esparcidos sobre una llanura abisal. Plantas enteras del rascacielos descansan entre rocas, cristales negros y fragmentos de la Náyade. El logotipo de Grant, partido en dos, está medio enterrado en el lodo.

No hay música. Solo el sonido profundo del agua.

La cámara avanza lentamente entre los restos. Pasa junto a escritorios flotando, pantallas rotas, columnas de la Sala de Juntas, cápsulas abiertas y cuerpos mecánicos sin energía. Varias luces se apagan una a una bajo la presión del océano.

Entonces aparece una cápsula intacta.

Está atrapada entre dos vigas del Edificio Grant, cubierta de algas y sedimento. Aun así, varios leds siguen encendidos en su superficie. Parpadean con luz verde.

En la placa frontal se lee:

S. MEIERS

La cámara se acerca al cristal. Dentro hay un cuerpo femenino suspendido en líquido oscuro. Un cuerpo clonado de Selene. Durante unos segundos no ocurre nada. Luego, un led cambia de verde a rojo. El cuerpo abre los ojos. No tienen la frialdad de Selene. Tampoco la mirada de Sheena.

Son otros ojos. Una nueva vida, o una nueva sombra. Corte brusco a negro.

Aparece el título:

PROFECÍA DE LAS SOMBRAS ETÉREAS